Leyenda El puente de Santa Ana
Debajo del puente las tardes eran mágicas, el arroyo a esa altura tenía todo lo necesario para ser un paraíso. La sombra que proyectaba la gran estructura de cemento, se convertía en un cómodo cobertizo que moderaba la temperatura, brindando un ambiente perfecto a quienes acampaban allí para pasar una agradable jornada playera.
¡Las mamás recomendaban tener mucho cuidado porque allí el arroyo era más profundo! La playa era un colchón de arena dorada y movediza, donde los niños se hundían jugando y disfrutando. En tanto que las adolescentes y jóvenes santanenses de los setenta, se congregaban allí a tomar sol, matear, comer facturas de la panadería Drewanz, leer, conversar y escuchar las emisoras de radio Concordia o Salto.
Los muchachos pasaban con sus coches arriba del puente y hacían sonar sus bocinas porque intuían que las chicas estaban allí aunque no las veían. Ellas sabían quién las saludaba porque conocían el ruido de cada auto del pueblo.
Así era el puente, comunicaba, unía, albergaba… Hasta que un día, el precio del progreso se hizo notar, era otoño de 1979 y le había llegado su fin. Ya casi nada quedaba en la vieja Santa Ana, las topadoras habían hecho lo suyo, todo era desolación. ¡Arribaron unos señores a dinamitar el amado puente! El futuro lago debería quedar libre de obstáculos para facilitar la navegación. - “Con los años que tiene y el agua que vio correr, una bomba va a alcanzar” -dijo uno de ellos. Dejaron el explosivo programado y se alejaron. Se produjo el estallido que todo el pueblo escuchó, imaginando que nunca más volverían a ver este punto de conexión. Pero no fue así, el puente seguía fuerte, orgulloso, lleno de energía y vitalidad. Intentaron con más explosivos, sin lograr derrumbarlo.
El puente se resistió, el agua llegó y ahí quedó, viendo pasar el tiempo y siendo testigo de esta gran transformación. Cada vez que los reguladores de la represa o la misma naturaleza hacen descender las aguas, el viejo puente asoma para recordar su existencia.


Fotos tomadas de: http://www.santaana.tur.ar/fotos.php
¡¡Resistencia, de eso se trata!! Cuenta la leyenda que el puente sumergido atesora una energía especial de todo su pueblo y de la colonia que lo vieron primero nacer, luego servir, conectar, unir, comunicar, vincular, enlazar y fluir durante tantos años. Entonces, para seguir resistiendo y existiendo, esa misma energía de Santa Ana, ha inspirado a quienes construyeron el nuevo puente mirador que adorna la costanera, con el fin de transmitir esa fuerza vital a quienes lo visitan. Cuando visiten el lugar, no dejen de acercarse al mirador, tóquenlo, siéntanlo y recárguense con su energía emocional positiva que les dará fuerza y resistencia.
Además de conformar un pintoresco paisaje para tomar fotografías y hacer más emocionantes ciclopaseos y caminatas, el nuevo puente es un homenaje y recuerdo permanente a todo el desarraigo que experimentaron los usuarios del viejo puente en pos del progreso y del aporte de energía hidroeléctrica al sistema nacional. Desde este bonito rincón, Santa Ana expande solidariamente toda su energía para argentinos y uruguayos, con la felicidad de saber que el esfuerzo de dejar nuestras casas valió la pena.
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| Nuevo puente: 6/02/19 |


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