Relato inspirado en Punta Alta a partir de una conversación con un vecino del lugar, quien me contó que había una elefanta enterrada enfrente de su casa.
miércoles, 29 de abril de 2020
Gracias a Julia
Relato inspirado en Punta Alta a partir de una conversación con un vecino del lugar, quien me contó que había una elefanta enterrada enfrente de su casa.
lunes, 27 de abril de 2020
Cuento Ella camina hacia sus orígenes
Caminando hacia sus raíces
Verona
Anahí ama caminar, caminar y caminar, por las mañanas o las tardes, el tiempo
es indistinto, mientras camine. Disfruta esos paseos en soledad o en compañía
de alguna amiga, aprovechando los variados senderos peatonales de Chajarí, su
ciudad adoptiva desde hace unos meses cuando vino con sus padres desde el sur,
quienes volvieron a su tierra de origen después de vivir muchos años en
Ushuaia. La chica recorre los caminos sin un itinerario fijo, asimismo anda y
desanda los espacios para peatones que no tengan cemento, prefiere piedras
finas, arena, césped o cualquier pastito. Su sitio favorito es el parque
termal, que queda a unos tres kilómetros de su casa que está en el centro de la
ciudad. Allí encuentra la fusión perfecta entre naturaleza e intervención
humana. Es ahí donde siente mayor plenitud, experimenta una conexión especial
con esas tierras, como si fuera parte de estas desde tiempos ancestrales.
El
agua es otro elemento del hábitat que le genera a Verona Anahí una vitalidad
sublime al realizar sus caminatas. Ver, oír, palpar, oler y hasta saborear las
aguas del predio termal que brotan del magnífico acuífero guaraní, la vinculan
con un ente intangible pero muy presente en cada una de sus células.
Y
el sol es un compañero que ella también aprecia para sus paseos, por supuesto
respetando los horarios de exposición, para cuidar su hermosa piel morena que
heredó de su abuelo materno Cuñambuy y sus ojos celestes heredados de su abuelo
paterno Divecchio, esos bellos pedacitos de cielo están protegidos por unas
llamativas pestañas tupidas, arqueadas y oscuras que contrastan con el largo
cabello lacio, abundante, tan dorado como el trigo maduro. Sus pasos son cortos
y rápidos, su estatura es baja y tiene la sonrisa más encantadora del mundo con
la que hace resaltar sus pómulos bien definidos. Se apropia con su belleza
inusual de cada espacio que recorre, los magnifica, les imprime un hechizo
mágico, porque confluyen en su persona los rasgos de los habitantes originarios
de estos terruños, con los de quienes inmigraron a la zona de Chajarí. La
presencia de ella no pasa desapercibida, todos voltean con admiración y respeto
al verla pasar. Los lugareños piensan que es una turista y los turistas que es
una lugareña u otra turista.
Cierto
día Verona descubre la reserva natural en el parque termal, queda deslumbrada
con toda esa naturaleza tan cercana, no puede dar crédito de cuanto ve, percibe
una atracción inexplicable por ese sitio. Piensa «¿Habrá que pagar para
entrar?» —¡Lo averiguará! Mientras,
decide recorrerlo por la periferia, avanza observando con entusiasmo las
especies a la distancia, sigue admirando su hallazgo desde el perímetro, estira
la cabeza como espiando, porque escucha ruidos y quiere saber quién los
provoca. Casi sin percatarse de cuánto se había desplazado y del tiempo
transcurrido, de pronto advierte que se está poniendo oscuro y emprende
rápidamente el camino a su casa.
Al
llegar, sigue con sus rutinas familiares y con el firme propósito de ingresar a
la reserva en sus próximas caminatas. Comenta en su hogar acerca del tesoro
descubierto como algo grandioso, que en el sur entre la nieve no veía, sin
embargo, su familia no le da mucha importancia a lo que ella cuenta:
—¡Ah!
esos son árboles de la zona que nacen espontáneamente y otros que se plantan
desde hace muchos años en la región —le
dice su padre—.
—Sí,
los dejaron en la reserva para que no se extingan y para que vivan las aves y
otros animales de la zona, o sea conservar la biodiversidad y de paso que
purifiquen el aire. Cuando éramos gurises teníamos árboles así cerca de
nuestras viviendas — le cuenta la madre—.
—¿Dónde?
¡quiero ir a verlos! —exclama Verona.
—No
hija, ya no existen, los han sacado para hacer la represa o para plantar otros
cultivos para el consumo humano, como alimentos, madera o criar animales
también. —agrega el
padre—.
Al
día siguiente el clima presenta las condiciones ideales para que ella pueda
salir, se presenta una típica jornada del inicio de primavera, despejada, con
sol suave. Rapidísimo llega a la reserva, pregunta a una señora si se podía
pasar, quien le indica que sí. Plena de felicidad comienza a explorar el
ambiente, siempre con esa sensación de «llamado de la naturaleza» que le
despierta curiosidad, expectativas y asombro. Va atesorando en su mente lo que
ve, muchos árboles tienen carteles con nombres: curupí, ñandubay, espinillo,
paraíso, sen del campo, entre otros.
Pisa el suave pasto, ve unos cuises royendo hierbas, escucha silbidos y
otros ruidos de aves, siente el sonido relajante de una corriente de agua. Hay
varias indicaciones, bebederos y comederos para las aves, miradores, puentes y
senderos que se bifurcan invitándola a descubrirlos. Todo le resulta tan
deslumbrante que se siente incentivada a volver al lugar una y otra vez, sin
dudas ese es su lugar en el mundo —escribió en su diario por la noche antes de
acostarse—.
Cuando
en apariencia ya no hay más novedades por explorar, se dispone a apreciar los
cambios que se van produciendo en la naturaleza, los disfruta, recibe la
energía que emanan los árboles, se deja sorprender por la vida dinámica del
sitio, ve a otros visitantes recreándose, tomado fotos y avistando la rica
fauna. Pero en el atardecer de un sábado de noviembre parcialmente nublado,
¡¡le sucede algo increíble!!, percibe una sensación muy extraña detrás de su
curupí favorito. Le parece haber visto su cara como si fuera en un espejo.
Despeja la vista sacudiendo la cabeza y no vuelve a ver lo que hace instantes
parecía haber captado con la mirada. Seguramente ha sido una sensación o una
sombra, porque el sol aparece y desaparece —piensa y abandona el predio más
inquieta que nunca—. Pasan unos días de lluvia, durante los cuales no puede ir
y, a la semana siguiente vuelve, un día, otro día, siguen sus paseos sin volver
a encontrarse con ese supuesto rostro tan intrigante.
En
algunas ocasiones, durante sus excursiones intuye una presencia, pasos torpes,
un aliento raro, una mirada que no puede ver concretamente, lo cual la hace
pensar que solo es producto de su imaginación, posiblemente por sentirse tan a
gusto en el lugar.
Después
de varias semanas, un sábado con meteorología similar a aquel día de noviembre
¡vuelve a aparecer ese rostro! Lo ve una y otra vez, supone que los
guardaparques del lugar han colgado la tapa de una lata espejada para escribir
alguna indicación y es su propio rostro lo que se refleja. Se acerca
sigilosamente, rodea el árbol ¡el rostro sonríe! ¡ella no!, la embarga un gran
susto. Aparece un joven con los pómulos bien definidos, largas pestañas
oscuras, tez morena, bastante parecido a ella, a diferencia del color de los
ojos, el cabello y el cuerpo fornido del muchacho. Él sonríe de la forma más
sincera y hermosa que jamás haya visto, esta vez ella se la devuelve y
enseguida lo apabulla con preguntas sin tenerle miedo, porque la similitud
entre ambos, le inspira una gran confianza: «¿quién sos?, ¿qué hacés, por
qué me seguís?». El extraño desaparece dando un salto en un barranco sin
emitir sonido alguno. Asombrada, pero ya no asustada, se queda mirando un buen
rato el espacio vacío y como no vuelve a aparecer decide regresar a su casa.
Sus
padres y amigos no le creen cuando les cuenta lo que vio, tal es así que
deciden acompañarla en los siguientes paseos y, efectivamente, nadie ve lo que
ella dice haber visto. Al tiempo, cuando la familia constata que solo es una
ilusión de su hija, ya no la acompañan. Verona retoma sus paseos solitarios y
el misterioso joven reaparece, la contacta en uno de los senderos de la
reserva, le obsequia unas extrañas semillas envueltas en una hoja de cala y
desaparece en el mismo barranco anterior. Ella se queda esperando en vano un
buen rato y luego regresa a su casa.
Al
día siguiente, se levanta temprano, analiza las semillas, pide instrucciones a
sus padres para preparar la tierra y siembra con gran entusiasmo en el patio de
atrás el regalo del amigo misterioso. Siente la necesidad de retribuírselas de
alguna manera, entonces junta todas las semillas que habitualmente se tiran con
los residuos domiciliarios y cada vez que vuelve a la reserva, lleva carozos,
semillas de zapallos, de tomates, de morrones y de todos los alimentos que se
consumen en el hogar. Por si acaso agrega garbanzos, variedad de porotos,
lentejas, arvejas y trigo. Las deposita cerca de su curupí favorito y para la
próxima vez que va, desaparecen, no sabe si las retira su amigo semillero,
algún animal o las personas que andan por el lugar.
Pasan
unos meses y las semillas que plantó en su patio dan sus frutos. Un día viene a
visitarla el bisabuelo materno de Verona y ve las plantas crecidas en el patio,
no puede salir de su asombro al reconocer hojas de papines, pimientos, maíces y
maníes de distintos tamaños y colores, más una planta de quinua. La chica le
cuenta el origen de las semillas y don Cuñambuy le explica que sus antepasados
tenían reservorios subterráneos de semillas con túneles que salían a distintos
lugares. Las guardaban para preservarlas en caso de invasión, por si tenían que
abandonar voluntariamente el lugar por falta de alimentos o, simplemente para
volver a sembrar al año siguiente, perpetuando esas especies vegetales tan
útiles. Es probable que este muchacho pertenezca a esos grupos que permanecen
ocultos y subsisten a través de distintas generaciones desde tiempos remotos
—dice el bisabuelo. Por esos túneles
—agrega el bisabuelo— salen a lugares inhabitados, cultivan espacios pequeños
de tierra para obtener alimentos y vuelven a guardar semillas.
Verona,
tras escuchar el relato, se siente una elegida para cumplir ese rol con las
semillas, más en estos tiempos que la humanidad está volviendo al consumo de
alimentos antiguos y naturales, por lo tanto, le resulta imperiosa la necesidad
de colaborar con esta cruzada. Siempre supo que tiene una misión especial en la
vida y que la motivación de sus caminatas es por una causa muy noble. En cada
oportunidad que visita la reserva, piensa que nada es casual y sigue llevando
semillas para «el reservorio», además a veces ella también encuentra semillas nuevas que no son de los árboles
cercanos, las lleva, siembra, cuida, cosecha, comparte, come y devuelve las
nuevas semillas que produce para que continúe este misterioso ciclo vital.
El
bisabuelo se entusiasma mucho al reencontrarse con aquellos cultivos de su
infancia, por eso colabora con la misión de su bisnieta, comparte semillas y
plantines con sus amigos del centro de jubilados y entre sus vecinos que
demuestran interés. Se va generando como un círculo de solidaridad y bienestar
alrededor de cada planta. No se limita a darles las semillas solamente, además
las acompaña con información cultural como recetas culinarias y otros usos,
formas apropiadas de cultivarlas para un mejor rendimiento y aprovechamiento
del agua y la tierra. El bisabuelo y
Anahí, como prefiere llamarla él, han formado un equipo de trabajo con mucha
pasión, él aporta sus saberes tradicionales, ella le incorpora los conocimientos
escolares, sobre todo los de geografía ambiental. Dan consejos a quienes
quieren escucharlos para evitar la depredación de las especies, sobre el uso
responsable que se le debe dar a las mismas para evitar alteraciones
ambientales.
sábado, 25 de abril de 2020
Buenas vecinas
Buenas vecinas

-Palmera Pindó: ¡Verdad! Nosotras no tenemos ese problema,
estamos rodeadas de cemento, pero te digo, a veces con el calor me gustaría andar en patas, bueno… en
raíces. ¡No sabés el calor que pasamos!
-Palmera Pindó:
Bueno, no es tan así. Ustedes tienen
muchas ventajas, crecen con total
libertad, se pueden reproducir tranquilas aunque el suelo se erosione, en cambio nosotras, soltamos una
semilla al asfalto y no puede germinar.
Y hablando de autóctonas, las palmeras también somos del litoral
argentino entre otros lugares, nada de
exóticas, lo que pasa es que
crecemos en otros sitios de la región o no no dejan crecer por el pastoreo y los cultivos.-Cina-cina: La verdad que me has levantado el ánimo, siempre envidiaba sanamente al verte tan prolija, pero nunca me puse a pensar en lo buena que está mi libertad, poder elegir para qué lado quiero dirigir mis raíces, ver mis hijitos crecer💓💓, compartir el espacio con otras especies.

-Palmera Pindó: Es
así, todas las plantas tenemos una función en la naturaleza, incluso las que
fuimos cultivadas, estamos por alguna razón.
A este lugar, en tiempos
normales, viene mucha gente distinta, algunos
prefieren las plantas como ustedes, en su hábitat natural, observan con
atención sus raíces, sus esfuerzos por sobrevivir y ustedes le dan una
enseñanza de vida: "a pesar de la adversidad, siguen firmes"💪, por eso las
admiran, se sacan fotos junto a ustedes.
Otros prefieren paisajes más
humanizados como nosotras, al ver la fila prolija de palmeras, sienten que
están en un lugar maravilloso y disfrutan también. -Palmera Pindó: ¡Sí, es verdad! Además este virus no nos afecta a las plantas.
lunes, 20 de abril de 2020
La vaca inmortal (Versión chajariense)
La vaca inmortal (versión chajariense)

Desde que aconsejaron “en lo posible reemplazar las pastillas por las zapatillas”, la gente calzó sus deportivas y se volcó masivamente a caminar, correr o trotar en todos los lugares del mundo. Y a lo de las pastillas, cada uno lo decidió con su médico de cabecera. Con esta premisa en todas las ciudades los deportes pedestres individuales o en equipo proliferaron, los gobernantes prestaron atención a estas conductas, generando espacios apropiados para tales prácticas.
Todo transcurre tranquila y distendidamente, se respira felicidad plena al son de los ruidos habituales del tránsito, de algunas aves del lugar y si en esos días hay remate en La Rural, los mugidos acompañan todo el trayecto. Pero… cuando este predio está en silencio, cuentan quienes caminan, que en reiteradas oportunidades se les aparece una vaca muy especial, algunos la escuchan, otros también llegan a verla con su cuero desteñido por el tiempo. ¡¡Así es!! Según relatan los paisanos, hace mucho tiempo, unas cuantas décadas atrás, hubo un gran remate extraordinario, al que concurrieron ganaderos de varias provincias y de los países vecinos. Entre una cantidad y variedad de vacunos, había un lote muy especial proveniente de Perugorria. El mismo despertó gran interés entre los compradores, las ofertas y contraofertas fueron tantas que elevaron su precio. Finalmente un estanciero de Pergamino redobló la última oferta y el martillero bajó su herramienta de trabajo con un golpe seco sorprendido con la subasta lograda. sábado, 15 de febrero de 2020
El puente de Santa Ana Entre Ríos


Fotos tomadas de: http://www.santaana.tur.ar/fotos.php
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| Nuevo puente: 6/02/19 |
jueves, 12 de mayo de 2016
Glosario de equivalencias terminológicas argentino-boliviano
Glosario de equivalencias terminológicas argentino - boliviano ArBol

IntroducciónArgentina y Bolivia tienen muchas cosas en común, una de ellas es el español o castellano como primer idioma oficial, pero aun compartiendo este idioma hay variantes en los términos usados en cada país. Estas diferencias se deben en gran medida a la influencia de los procesos inmigratorios experimentados, a la conservación de un español más puro y al uso de lenguajes y costumbres autóctonas. Así, cada país fue construyendo su propia identidad lingüística que, afortunadamente para ambas naciones, sigue vigente aunque haya una fluida interacción entre sus poblaciones. También existen dialectos internos dentro de Argentina y de Bolivia, los términos presentados aquí pertenecen al argentino rioplatense y al boliviano paceño. La finalidad de este trabajo es reflexionar sobre las variantes y curiosidades que presenta el lenguaje dentro del mismo idioma, al tiempo que ofrecer esta información a los argentinos que llegan a Bolivia o interactúen de algún modo con los ciudadanos del vecino país, para facilitarles la comunicación, que si bien no son grandes las dificultades, evita complicaciones. Este glosario recopila más de un centenar de vocablos y construcciones que se usan en Bolivia con su correspondiente palabra o definición argentina. En muchos casos son simplemente sinónimos, que por usos y costumbres, en un país se emplea más un término que otro, por ejemplo acera - vereda ; jalar - tirar. O expresiones que en Argentina se usan aunque no figuren en diccionarios como es el caso del diminutivo cucharita por cucharilla. En otras oportunidades los términos definen elementos típicos de Bolivia como el vocablo aguayo, o siglas propias como T.Ru.Fi. Asimismo hay algunas construcciones lingüísticas como “va a disculpar”, “no ve’” entre otras. Las entradas están ordenadas alfabéticamente en negrita, seguidas de la abreviatura correspondiente a la categoría gramatical en las que se las incluyó: sustantivo (sust.), verbo (v.), construcción (constr.), adjetivo (adj.) o expresión (expr.), que no necesariamente coinciden con las categorías gramaticales convencionales, por citar un caso, a plomo se le adjudicó la categoría de adjetivo porque en este contexto se refiere a un color, aunque en otras situaciones conserve sus acepciones como sustantivo al referirse al elemento químico, a las balas o a una persona molesta. En términos generales el lenguaje boliviano no ofrece dificultades de interpretación al extranjero hispanohablante, puesto que es muy accesible, intuitivo, práctico y tiene mucha lógica, por citar un ejemplo: cuando se dice que algo es color café, es fácil asociar con el color de este elemento natural, en cambio si se usa marrón, es necesario pensar abstractamente en los colores para luego transferirlos al objeto, lo cual es menos práctico. En Bolivia es habitual el uso de diminutivos, sea por costumbre, para otorgarle más amabilidad a una conversación o para persuadir al oyente “llévese unito señor”, variantes que no se incluyen en este trabajo por no considerarlas necesarias. Esta lista de palabras no agota acá, la presente es una publicación abierta a la incorporación de nuevos términos que los lectores quieran agregar, ya que no se realizó una investigación exhaustiva, sólo se tomó registro de las palabras que surgieron ocasionalmente en la interacción cotidiana al vivir en Bolivia.
GLOSARIO
Acera sust. Vereda.Aguayo sust. Tela rectangular, colorida con figuras simples, se usa como mochila, porta-bebé, abrigo, mantel, adorno u otros fines. Existen aguayos antiguos, que son tejidos artesanalmente, cuyo su costo es elevado y aguayos industriales, más comunes y económicos.Ahorita adv. de tiempo En este momento, ya. (Término aportado por Juan Cruz Lagar)Alasitas sust. Feria artesanal paceña en la que se venden miniaturas que se convertirán en realidad, pidiéndoselas con mucha fe a la deidad aimara Equeco, según versa la tradición.Alcuza sust. Vinagrera o aceitera.Amarrar v. Atar, es habitual para referirse a atar los cordones.Ánfora sust. Urna.Aparcar v. Estacionar. Parquear.Arete sust. Aro.Asiento sust. Se usa para invitar a una persona a tomar asiento.Aumentar v. Agregar. ¿Le aumento unas papas más a la comida?Baterraga sust. Remolacha.Beatle sust. Polera con cuello volcado. Cuello Beatle por ser la indumentaria que caracterizaba a este grupo musical.Botar v. Tirar algo. Echar a una persona.Botella sust. Biberón, mamadera.Brasier sust. Corpiño, sostén.Brazalete sust. Pulsera.Brazo gitano constr. Pionono o arrollado relleno de dulce de leche o crema.Buzo sust. Pantalón deportivo.Cabal o cabalito adj. Justo, exacto.Café adj. Color marrón: Un pantalón café. Se refiere a su color, a diferencia del sustantivo café en: Me tomo un café que también se usa en forma convencional.Camba sust. Persona india o mestiza oriunda del oriente boliviano. Santacruceño/a.Camote sust. Batata / También se dice de la persona que gusta de otra, sea hombre o mujer, ej. Luisa está camote de Juan. (Segunda acepción aportada por Elvira Portocarrero Flores)Campo sust. Lugar. Hacer campo o campito es dar permiso o lugar para pasar.Cancelar v. Pagar.Carne molida constr. Carne picada. En realidad molida es la expresión correcta.Carote sust. Zapallo zucchini.Carrera sust. Viaje para el taxista.Carretero sust. Ruta.Cartapacio sust. Carpeta tic tac.Caserita, casera, case sust. Trato amigable entre comerciante y cliente.Chamarra sust. Campera.Charlatán sust. Curandero. Persona que ejerce la medicina casera empleando tradiciones, creencias e hierbas naturales.Chico/a sust. Novio/a.Choco/a adj. Rubio/a.
Chola /cholita sust. Mujer boliviana que viste faldas largas plisadas con varias capas de distintas texturas que le dan volumen, además usa zapatos chatos, chal, cabellos en dos trenzas largas y sombrero hongo o bombín. Hay campesinas y de ciudad, con distintos grados de elegancia. En La Paz las polleras son hasta el tobillo, en Cochabamba a la rodilla y en Santa Cruz encima de la rodilla, cuanto más cálido es el clima más corta es la falda / Mujer plurinacional / Mujer o señora de pollera.
| Cholas |
Cholo sust. Campesino con indumentaria específica, particularmente se destaca por el uso de gorro andino o chulu.
Chompa sust. Suéter, pullover, jersey.Chulu sust. Gorro andino.
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| Chulu |
Kantuta sust. Flor nacional de Bolivia. También se reconoce a la flor del Patujú.
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| Kantuta |
Lustras sust. Lustrabotas. Joven que lustra calzados generalmente en las veredas del centro, usa gorro tipo pasamontañas para cubrirse la cara. (Término aportado por Elvira Portocarrero Flores)Macurcado/a adj. Contracturado/a, molestias que se sienten en el cuerpo después de hacer actividades físicas: Tengo la espalda macurcada.Malograr v. Arruinar o echar a perder algo.Mandil sust. Guardapolvo escolar / Especie de delantal largo y tableado con pechera que usan las señoras cholas encima de la ropa para protegerla, mientras trabajan o andan por la calle.Manjar sust. Dulce de leche.Mantequilla sust. Manteca.Mate sust. Té, saquito para preparar infusiones de coca, piña, anís, té verde, etc. Infusión preparada con los saquitos.Minibús sust. Servicio de transporte urbano con itinerarios fijos, se realiza en vehículos tipo combi, trafic o minibús, recoge y baja pasajeros en las calles principales. En el parabrisas lleva carteles que indican los destinos, los cuales se van cambiando en la medida que van pasando por esos lugares. La información de los carteles es reforzada verbalmente por la o el acompañante del chofer por si los potenciales pasajeros no pueden leer los carteles por alguna razón. También suelen decir el valor del pasaje. Cuando un pasajero quiere bajar, dice en voz alta “me quedo” y el vehículo se detiene en cualquier parte de la carretera para que descienda, por lo que se debe tener mucho cuidado cuando se va conduciendo un automóvil que va detrás de estas unidades.Mondadientes sust. Escarbadientes, palillos.Montura sust. Marco de los anteojos.Moño sust. Rodete, peinado recogido.Movilidad sust. Transporte, vehículo.No sale constr. No se puede bajar un precio. En el marco de las negociaciones por el precio de una mercadería, cuando no pueden bajar más, se dice: no, no sale.No ve’ constr. Se usa para convencer al oyente de lo que se le está diciendo. Es como si se dijera: ¿si? ¿te das cuenta? ¿ves? ¿Correcto?Pan molido constr. Pan rallado.Parqueado adj. Estacionado.Parquear v. Aparcar. EstacionarParqueo sust. Estacionamiento vehicular.Pasar: v. Tomar clases / Ver o estudiar un tema: Luis está pasando clases de Inglés. Profesor, a eso ya lo pasamos.Pepita sust. Semilla.¿¡Perdón!? Expr. ¿Qué?/ ¿Cómo dijo?/ ¿Puede repetir que no entendí? La combinación de ambos signos le otorga esa dualidad de sentido simultáneo: pregunta y exclamación.Pila sust. Grifo. Canilla o llave para regular el paso del agua u otros líquidos.Piraña sust. Broche para el cabello.Placa sust. Patente o chapa de los vehículos.Plano adj. Sin taco, calzado bajo.Plátano sust. Banana.Plomo adj. Gris.Pluma sust. Bolígrafo, birome.Polera sust. Remera. Camiseta Tengo la polera de la selección.Polo sust. Chomba con cuello, chemise. Prenda de vestir de punto, con cuello tipo camisa pero cerrada hasta encima del pecho, luego continúa con botones hasta el cuello, tiene mangas.Poro sust. Mate de calabaza natural, el recipiente propiamente dicho.
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| Wiphala |
Ya (ia) adv. afirm. Sí / de acuerdo / bueno / ya / ¡no te creo! / ¡increíble!Yuca sust. Mandioca.Zumo sust. Jugo de frutas naturales o preparados artificiales.

















