Datos personales

Mi foto
Chajarí, Entre Ríos, Argentina
Mostrando entradas con la etiqueta NATACHA LANCHE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NATACHA LANCHE. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de abril de 2020

Gracias a Julia


Relato inspirado en Punta Alta a partir de una conversación con un vecino del lugar, quien me contó que había  una elefanta enterrada enfrente de su casa.
Gracias a Julia
En todas las ciudades del mundo hay un terreno baldío de grandes dimensiones  y es allí donde se instalan los circos itinerantes   con sus inmensas  carpas.  Por alguna razón siempre quedan esos espacios, como si estarían esperando a los entretenimientos nómades.  En algún momento, efectivamente llegan, desembarcan acróbatas, actores de teatro, motociclistas, contorsionistas, equilibristas, magos, malabaristas, mimos, patinadores, payasos, titiriteros y cuanta destreza circense exista.  Durante la permanencia se altera la ciudad porque invaden con publicidad por distintos medios:  a la salida de los colegios  repartiendo entradas promocionales, rodantes que recorren todos los barrios, algunos se anuncian en aviones, por radios, diarios o televisión, en definitiva, nadie queda sin saber que hay un circo.  
En la década del setenta u ochenta, cuando todavía la publicidad era boca a boca, llegó a Punta Alta un gran circo, que además de las habilidades humanas, tenía animales salvajes adiestrados como era habitual en ese entonces.  Contaba con una pareja de leones, un oso, tres monos, un tigre y una elefanta a la que llamaban Julia.  Ella era el gran atractivo y durante la primera semana hizo muy bien sus piruetas.  Luego se enfermó gravemente al tragarse una botella con hipoclorito de sodio (lavandina) y no hubo forma de salvarla.  Sus restos quedaron  enterrados en el terreno ubicado en Colón e Italia de esta hermosa ciudad.   El circo siguió hacia otro destino con  el itinerario previsto. 
A partir de ese momento ya nada fue igual en ese sitio.  Los niños que conocieron a Julia pasaban tristes por el lugar  y  le tiraban flores desde lejos.  Si alguien quería comprar ese terreno para construir, el negocio nunca llegaba a concretarse, ni el municipio pudo urbanizar en ese espacio.
Paulatinamente la vegetación fue cambiando, a las plantas propias del lugar como opuntias, tunas, cañas de castilla y cortaderas, se le agregaron  acacias tortilis, kigelias, baobabs,  gramíneas de la sabana entre otras  especies   propias de África.
 Después de unos años y de ver esa transformación en el paisaje, la gente del lugar se convenció que  Julia no  perdió en vano su vida, afirmaron  que vino a dejar un mensaje a la humanidad para que no se utilicen animales para diversión, que no los maltraten, tampoco los alejen de su hábitat para que no se extingan.  Otros vecinos añadieron  que esta elefanta se negó a seguir mostrando estas prácticas a los niños para que no naturalicen el adiestramiento, que nunca es sin sufrimiento.  También  hubo  gente muy imaginativa que inició investigaciones para saber si este terreno  tiene una conexión intraterrestre con la cuna de los elefantes en África y suponen que por eso la elefanta lo eligió como su último destino.  Esto jamás se supo con certeza, aunque varias leyendas urbanas  afirman la versión.  Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que pasados los años este lugar sigue con su nueva vegetación, los niños y niñas de las cercanías juegan, arman sus carpas y escondites entre el herbaje con mucho misterio, crean allí las historias más desopilantes.  A este espacio no se lo ha podido utilizar para otra cosa y ya los circos del mundo  no usan más animales salvajes. ¡¡Gracias Julia!!
Fotografías del terreno de Colón e Italia, tomadas en 2018













lunes, 27 de abril de 2020

Cuento Ella camina hacia sus orígenes

Caminando hacia sus raíces

Verona Anahí ama caminar, caminar y caminar, por las mañanas o las tardes, el tiempo es indistinto, mientras camine. Disfruta esos paseos en soledad o en compañía de alguna amiga, aprovechando los variados senderos peatonales de Chajarí, su ciudad adoptiva desde hace unos meses cuando vino con sus padres desde el sur, quienes volvieron a su tierra de origen después de vivir muchos años en Ushuaia. La chica recorre los caminos sin un itinerario fijo, asimismo anda y desanda los espacios para peatones que no tengan cemento, prefiere piedras finas, arena, césped o cualquier pastito. Su sitio favorito es el parque termal, que queda a unos tres kilómetros de su casa que está en el centro de la ciudad. Allí encuentra la fusión perfecta entre naturaleza e intervención humana. Es ahí donde siente mayor plenitud, experimenta una conexión especial con esas tierras, como si fuera parte de estas desde tiempos ancestrales.

El agua es otro elemento del hábitat que le genera a Verona Anahí una vitalidad sublime al realizar sus caminatas. Ver, oír, palpar, oler y hasta saborear las aguas del predio termal que brotan del magnífico acuífero guaraní, la vinculan con un ente intangible pero muy presente en cada una de sus células.

Y el sol es un compañero que ella también aprecia para sus paseos, por supuesto respetando los horarios de exposición, para cuidar su hermosa piel morena que heredó de su abuelo materno Cuñambuy y sus ojos celestes heredados de su abuelo paterno Divecchio, esos bellos pedacitos de cielo están protegidos por unas llamativas pestañas tupidas, arqueadas y oscuras que contrastan con el largo cabello lacio, abundante, tan dorado como el trigo maduro. Sus pasos son cortos y rápidos, su estatura es baja y tiene la sonrisa más encantadora del mundo con la que hace resaltar sus pómulos bien definidos. Se apropia con su belleza inusual de cada espacio que recorre, los magnifica, les imprime un hechizo mágico, porque confluyen en su persona los rasgos de los habitantes originarios de estos terruños, con los de quienes inmigraron a la zona de Chajarí. La presencia de ella no pasa desapercibida, todos voltean con admiración y respeto al verla pasar. Los lugareños piensan que es una turista y los turistas que es una lugareña u otra turista.

Cierto día Verona descubre la reserva natural en el parque termal, queda deslumbrada con toda esa naturaleza tan cercana, no puede dar crédito de cuanto ve, percibe una atracción inexplicable por ese sitio. Piensa «¿Habrá que pagar para entrar?» —¡Lo averiguará!  Mientras, decide recorrerlo por la periferia, avanza observando con entusiasmo las especies a la distancia, sigue admirando su hallazgo desde el perímetro, estira la cabeza como espiando, porque escucha ruidos y quiere saber quién los provoca. Casi sin percatarse de cuánto se había desplazado y del tiempo transcurrido, de pronto advierte que se está poniendo oscuro y emprende rápidamente el camino a su casa.

Al llegar, sigue con sus rutinas familiares y con el firme propósito de ingresar a la reserva en sus próximas caminatas. Comenta en su hogar acerca del tesoro descubierto como algo grandioso, que en el sur entre la nieve no veía, sin embargo, su familia no le da mucha importancia a lo que ella cuenta:

—¡Ah! esos son árboles de la zona que nacen espontáneamente y otros que se plantan desde hace muchos años en la región le dice su padre—.

—Sí, los dejaron en la reserva para que no se extingan y para que vivan las aves y otros animales de la zona, o sea conservar la biodiversidad y de paso que purifiquen el aire. Cuando éramos gurises teníamos árboles así cerca de nuestras viviendas — le cuenta la madre—.

—¿Dónde? ¡quiero ir a verlos! —exclama Verona.

—No hija, ya no existen, los han sacado para hacer la represa o para plantar otros cultivos para el consumo humano, como alimentos, madera o criar animales también.  —agrega el padre—.

Al día siguiente el clima presenta las condiciones ideales para que ella pueda salir, se presenta una típica jornada del inicio de primavera, despejada, con sol suave. Rapidísimo llega a la reserva, pregunta a una señora si se podía pasar, quien le indica que sí. Plena de felicidad comienza a explorar el ambiente, siempre con esa sensación de «llamado de la naturaleza» que le despierta curiosidad, expectativas y asombro. Va atesorando en su mente lo que ve, muchos árboles tienen carteles con nombres: curupí, ñandubay, espinillo, paraíso, sen del campo, entre otros.  Pisa el suave pasto, ve unos cuises royendo hierbas, escucha silbidos y otros ruidos de aves, siente el sonido relajante de una corriente de agua. Hay varias indicaciones, bebederos y comederos para las aves, miradores, puentes y senderos que se bifurcan invitándola a descubrirlos. Todo le resulta tan deslumbrante que se siente incentivada a volver al lugar una y otra vez, sin dudas ese es su lugar en el mundo —escribió en su diario por la noche antes de acostarse—. 

Cuando en apariencia ya no hay más novedades por explorar, se dispone a apreciar los cambios que se van produciendo en la naturaleza, los disfruta, recibe la energía que emanan los árboles, se deja sorprender por la vida dinámica del sitio, ve a otros visitantes recreándose, tomado fotos y avistando la rica fauna. Pero en el atardecer de un sábado de noviembre parcialmente nublado, ¡¡le sucede algo increíble!!, percibe una sensación muy extraña detrás de su curupí favorito. Le parece haber visto su cara como si fuera en un espejo. Despeja la vista sacudiendo la cabeza y no vuelve a ver lo que hace instantes parecía haber captado con la mirada. Seguramente ha sido una sensación o una sombra, porque el sol aparece y desaparece —piensa y abandona el predio más inquieta que nunca—. Pasan unos días de lluvia, durante los cuales no puede ir y, a la semana siguiente vuelve, un día, otro día, siguen sus paseos sin volver a encontrarse con ese supuesto rostro tan intrigante.

En algunas ocasiones, durante sus excursiones intuye una presencia, pasos torpes, un aliento raro, una mirada que no puede ver concretamente, lo cual la hace pensar que solo es producto de su imaginación, posiblemente por sentirse tan a gusto en el lugar.

Después de varias semanas, un sábado con meteorología similar a aquel día de noviembre ¡vuelve a aparecer ese rostro! Lo ve una y otra vez, supone que los guardaparques del lugar han colgado la tapa de una lata espejada para escribir alguna indicación y es su propio rostro lo que se refleja. Se acerca sigilosamente, rodea el árbol ¡el rostro sonríe! ¡ella no!, la embarga un gran susto. Aparece un joven con los pómulos bien definidos, largas pestañas oscuras, tez morena, bastante parecido a ella, a diferencia del color de los ojos, el cabello y el cuerpo fornido del muchacho. Él sonríe de la forma más sincera y hermosa que jamás haya visto, esta vez ella se la devuelve y enseguida lo apabulla con preguntas sin tenerle miedo, porque la similitud entre ambos, le inspira una gran confianza: «¿quién sos?, ¿qué hacés, por qué me seguís?». El extraño desaparece dando un salto en un barranco sin emitir sonido alguno. Asombrada, pero ya no asustada, se queda mirando un buen rato el espacio vacío y como no vuelve a aparecer decide regresar a su casa.

Sus padres y amigos no le creen cuando les cuenta lo que vio, tal es así que deciden acompañarla en los siguientes paseos y, efectivamente, nadie ve lo que ella dice haber visto. Al tiempo, cuando la familia constata que solo es una ilusión de su hija, ya no la acompañan. Verona retoma sus paseos solitarios y el misterioso joven reaparece, la contacta en uno de los senderos de la reserva, le obsequia unas extrañas semillas envueltas en una hoja de cala y desaparece en el mismo barranco anterior. Ella se queda esperando en vano un buen rato y luego regresa a su casa.

Al día siguiente, se levanta temprano, analiza las semillas, pide instrucciones a sus padres para preparar la tierra y siembra con gran entusiasmo en el patio de atrás el regalo del amigo misterioso. Siente la necesidad de retribuírselas de alguna manera, entonces junta todas las semillas que habitualmente se tiran con los residuos domiciliarios y cada vez que vuelve a la reserva, lleva carozos, semillas de zapallos, de tomates, de morrones y de todos los alimentos que se consumen en el hogar. Por si acaso agrega garbanzos, variedad de porotos, lentejas, arvejas y trigo. Las deposita cerca de su curupí favorito y para la próxima vez que va, desaparecen, no sabe si las retira su amigo semillero, algún animal o las personas que andan por el lugar.

Pasan unos meses y las semillas que plantó en su patio dan sus frutos. Un día viene a visitarla el bisabuelo materno de Verona y ve las plantas crecidas en el patio, no puede salir de su asombro al reconocer hojas de papines, pimientos, maíces y maníes de distintos tamaños y colores, más una planta de quinua. La chica le cuenta el origen de las semillas y don Cuñambuy le explica que sus antepasados tenían reservorios subterráneos de semillas con túneles que salían a distintos lugares. Las guardaban para preservarlas en caso de invasión, por si tenían que abandonar voluntariamente el lugar por falta de alimentos o, simplemente para volver a sembrar al año siguiente, perpetuando esas especies vegetales tan útiles. Es probable que este muchacho pertenezca a esos grupos que permanecen ocultos y subsisten a través de distintas generaciones desde tiempos remotos —dice el bisabuelo.  Por esos túneles —agrega el bisabuelo— salen a lugares inhabitados, cultivan espacios pequeños de tierra para obtener alimentos y vuelven a guardar semillas. 

Verona, tras escuchar el relato, se siente una elegida para cumplir ese rol con las semillas, más en estos tiempos que la humanidad está volviendo al consumo de alimentos antiguos y naturales, por lo tanto, le resulta imperiosa la necesidad de colaborar con esta cruzada. Siempre supo que tiene una misión especial en la vida y que la motivación de sus caminatas es por una causa muy noble. En cada oportunidad que visita la reserva, piensa que nada es casual y sigue llevando semillas para «el reservorio», además a veces ella también encuentra semillas nuevas que no son de los árboles cercanos, las lleva, siembra, cuida, cosecha, comparte, come y devuelve las nuevas semillas que produce para que continúe este misterioso ciclo vital.

El bisabuelo se entusiasma mucho al reencontrarse con aquellos cultivos de su infancia, por eso colabora con la misión de su bisnieta, comparte semillas y plantines con sus amigos del centro de jubilados y entre sus vecinos que demuestran interés. Se va generando como un círculo de solidaridad y bienestar alrededor de cada planta. No se limita a darles las semillas solamente, además las acompaña con información cultural como recetas culinarias y otros usos, formas apropiadas de cultivarlas para un mejor rendimiento y aprovechamiento del agua y la tierra.  El bisabuelo y Anahí, como prefiere llamarla él, han formado un equipo de trabajo con mucha pasión, él aporta sus saberes tradicionales, ella le incorpora los conocimientos escolares, sobre todo los de geografía ambiental. Dan consejos a quienes quieren escucharlos para evitar la depredación de las especies, sobre el uso responsable que se le debe dar a las mismas para evitar alteraciones ambientales.

Anahí sigue visitando la reserva porque se siente muy a gusto en ese paraíso. Su amigo, sin hacer sus apariciones, la sigue inspirando, ella está segura de que todas las culturas tienen mucho para aportar e intercambiar, lo importante es que se respeten entre ellas, que ninguna absorba a la otra, que se enriquezcan y potencien entre sí. Está orgullosa de ser el ejemplo perfecto de integración entre culturas, por sus sentimientos, su aspecto físico y por sus nombres. Y recuerden, si encuentran semillas cerca de un curupí, no las retiren, son para Verona o para su amigo misterioso. 
😉😊.









sábado, 25 de abril de 2020

Buenas vecinas

Diálogo entre la Cina-cina y la Palmera Pindó en Avenida Padre Gallay- Chajarí, Entre Ríos - Argentina

Buenas vecinas

-Palmera Pindó: ¡Buen día vecina! ¿Cómo estás?
-Cina-cina: ¡Bien, bien! Un poco aburrida, extrañando a los caminantes con su alegría y sus musculosas  de vistosos colores.
-Palmera Pindó: La verdad que sí, aunque en estos días noto que el aire está más puro,  también extraño a los autos, que si bien contaminan con sus gases y ruidos, son parte de mi vida.  Nosotras, las palmeras, crecimos  con ese ambiente y nos adaptamos muy bien ¿acaso no me ves hermosa?
-Cina-cina: ¡Claro que sí!  En cambio yo, mira lo mal que me veo, con la erosión estoy quedando descalza, mis raíces están expuestas al aire, no sé cómo haré para alimentarme  si esto sigue así.
-Palmera Pindó: ¡Verdad! Nosotras no tenemos ese problema, estamos rodeadas de cemento, pero te digo, a veces con el  calor me gustaría andar en patas, bueno… en raíces.  ¡No sabés el calor que pasamos!
-Cina-cina: Pero ustedes están bien protegidas, mirá el cordón, el cemento y el asfalto que te rodea, nosotros no tenemos nada.  Fíjate en  los cardos y mis otros vecinos, todos descalzos, siendo que somos  autóctonos, vivimos acá desde siempre.  Vienen ustedes y las tratan como las grandes reinas de lugar. 
-Palmera Pindó: Bueno, no es tan así.  Ustedes tienen muchas ventajas,  crecen con total libertad, se pueden reproducir tranquilas aunque el suelo se  erosione, en cambio nosotras, soltamos una semilla al asfalto y no puede germinar.  Y hablando de autóctonas, las palmeras también somos del litoral argentino entre otros lugares, nada de  exóticas, lo que pasa  es que crecemos en otros sitios de la región o no no dejan crecer por el pastoreo y los cultivos.
-Cina-cina: La verdad que me has levantado el ánimo, siempre envidiaba sanamente al verte tan prolija, pero nunca me puse a pensar en lo buena que está mi libertad, poder elegir para qué lado quiero dirigir mis raíces, ver mis hijitos crecer💓💓, compartir el espacio con otras especies.
-Palmera Pindó: Es así, todas las plantas tenemos una función en la naturaleza, incluso las que fuimos cultivadas, estamos por alguna razón.  A este lugar, en tiempos normales, viene mucha gente distinta,  algunos  prefieren las plantas como ustedes, en su hábitat natural, observan con atención sus raíces, sus esfuerzos por sobrevivir y ustedes le dan una enseñanza de vida: "a pesar de la adversidad, siguen firmes"💪,  por eso las admiran, se sacan fotos junto a ustedes.  Otros prefieren paisajes  más humanizados como nosotras, al ver la fila prolija de palmeras, sienten que están en un lugar maravilloso y disfrutan también. 
-Cina-cina: ¡¡Tenés razón!! Juntas, conformamos un paisaje ideal, para todos  los gustos. Convivamos en paz y armonía aprovechando nuestras diferencias, siendo la antesala perfecta para ir a  las termas.
-Palmera Pindó: ¡De acuerdo! ¡Uy! viene la camioneta de la policía, que no nos vea hablando, disimulá.
-Cina-cina: No hay problemas, cada una está en su casa y guardamos la famosa distancia social.
-Palmera Pindó: ¡Sí, es verdad!  Además este virus no nos  afecta a las plantas. 
-Cina-cina: Bueno vecina, ha sido  un gusto esta charla.  Me está dando hambre, voy a aprovechar el sol para hacer un poco de fotosíntesis.  Nos hablamos!! 😜😘






lunes, 20 de abril de 2020

La vaca inmortal (Versión chajariense)

Relato inspirado en la Avenida Padre Galay de Chajarí, Entre Ríos.  En este mismo blog hay una versión puntaltense que tiene como protagonista a una vaca almada https://letrasdenatalan.blogspot.com/2016/05/leyenda-urbana-de-punta-alta-la-vaca.html

La vaca inmortal (versión chajariense)

Desde que aconsejaron “en lo posible reemplazar las pastillas por las zapatillas”, la gente calzó sus deportivas y se volcó masivamente a caminar, correr o trotar en todos los lugares del mundo. Y a lo de las pastillas, cada uno lo decidió con su médico de cabecera. Con esta premisa en todas las ciudades los deportes pedestres individuales o en equipo proliferaron, los gobernantes prestaron atención a estas conductas, generando espacios apropiados para tales prácticas. 
En Chajarí, uno de los tantos lugares favoritos para caminar, correr o correcaminar es la senda peatonal paralela a la Avenida Padre Gallay. Es frecuente ver allí personas de todas las edades en distintos momentos del día y a los ritmos más variados. Muchos se saludan cortésmente, otros no miran a nadie, algunos desde un coche ven a alguien que conocen y tocan bocina o le gritan el clásico ¡¡weeep!! 
     Todo transcurre tranquila y distendidamente, se respira felicidad plena al son de los ruidos habituales del tránsito, de algunas aves del lugar y si en esos días hay remate en La Rural, los mugidos acompañan todo el trayecto. Pero… cuando este predio está en silencio, cuentan quienes caminan, que en reiteradas oportunidades se les aparece una vaca muy especial, algunos la escuchan, otros también llegan a verla con su cuero desteñido por el tiempo. ¡¡Así es!! Según relatan los paisanos, hace mucho tiempo, unas cuantas décadas atrás, hubo un gran remate extraordinario, al que concurrieron ganaderos de varias provincias y de los países vecinos. Entre una cantidad y variedad de vacunos, había un lote muy especial proveniente de Perugorria. El mismo despertó gran interés entre los compradores, las ofertas y contraofertas fueron tantas que elevaron su precio. Finalmente un estanciero de Pergamino redobló la última oferta y el martillero bajó su herramienta de trabajo con un golpe seco sorprendido con la subasta lograda. 
     Concluido el remate, controlaron las guías y los arrieros se dirigieron al embarcadero a cargar los animales a las jaulas, habían completado varios equipos ya, cuando una vaca del lote de Perugorría se empacó y no hubo forma de cargarla. Insistieron, llamaron a unos cuantos baqueanos, incluso un veterinario aplicó psicología animal, sin lograrlo. Mientras pensaban la forma de embarcarla, la traviesa vacuna se escapó, sorteó corrales y se internó en el monte. Se fueron todos y el animal misteriosamente no dio señales de vida.
     Al tiempo comenzaron las apariciones y cada tanto se le presentaba a algún jinete solitario que andaba por ahí. Lo que ocurría, como siempre sucede en estos casos, nadie le creía a estos caballeros, aunque se les apareció a varias personas en distintas épocas. Todos sabían que aquella vaca rebelde nunca apareció, porque con el oficio de las rutinas de un remate, también se transmiten a los peones nuevos las anécdotas. 
     La situación cambió cuando la zona se modernizó, comenzaron sus andadas los caminantes, las apariciones de esta vaca fueron más frecuentes, la gente empezó a comentar, la leyenda urbana pasó de boca en boca haciéndose popular y viral, porque a alguien se le ocurrió publicar su versión en las redes sociales. Como suele pasar, cada persona escucha lo que quiere y lo que le conviene, algunas cuentan que en su mugido les dice “no comas carne, sé vegetariano o vegetariana”, otras han dicho que escucharon “no uses ropa de cuero”, en cambio el grupo mayoritario dice oír cosas como: “comete un asado”, “alimentate saludablemente”, “seguí las tradiciones argentinas”, "comé milanesas" entre otras. En fin, será cuestión de prestar mucha atención al pasar por el lugar para saber qué es lo que tiene para decir esta querida vaca inmortal, que por algo regresa del pasado. Y no olvidar tener el celular preparado para grabar por si acaso llega a aparecer.

Fotografías tomadas en el lugar en 2019







sábado, 15 de febrero de 2020

El puente de Santa Ana Entre Ríos

Leyenda El puente de Santa Ana

      
     Debajo del puente las tardes eran mágicas, el arroyo a esa altura tenía todo lo necesario para ser un  paraíso. La sombra que proyectaba la gran estructura de cemento, se convertía en un cómodo cobertizo que moderaba la temperatura, brindando un ambiente perfecto a quienes acampaban allí para pasar una agradable jornada playera. 
     ¡Las mamás recomendaban tener mucho cuidado porque allí el arroyo era más profundo! La playa era un colchón de arena dorada y movediza, donde los niños se hundían jugando y disfrutando. En tanto que las adolescentes y jóvenes santanenses de los setenta, se congregaban allí a tomar sol, matear, comer facturas de la panadería Drewanz, leer, conversar y escuchar las emisoras de radio Concordia o Salto.
     Los muchachos pasaban con sus coches arriba del puente y hacían sonar sus bocinas porque intuían que las chicas estaban allí aunque no las veían. Ellas sabían quién las saludaba porque conocían el ruido de cada auto del pueblo. 
     Así era el puente, comunicaba, unía, albergaba… Hasta que un día, el precio del progreso se hizo notar, era otoño de 1979 y le había llegado su fin. Ya casi nada quedaba en la vieja Santa Ana, las topadoras habían hecho lo suyo, todo era desolación. ¡Arribaron unos señores a dinamitar el amado puente! El futuro lago debería quedar libre de obstáculos para facilitar la navegación. - “Con los años que tiene y el agua que vio correr, una bomba va a alcanzar” -dijo uno de ellos. Dejaron el explosivo programado y se alejaron. Se produjo el estallido que todo el pueblo escuchó, imaginando que nunca más volverían a ver este punto de conexión. Pero no fue así, el puente seguía fuerte, orgulloso, lleno de energía y vitalidad. Intentaron con más explosivos, sin lograr derrumbarlo. 
El puente se resistió, el agua llegó y ahí quedó, viendo pasar el tiempo y siendo testigo de esta gran transformación. Cada vez que los reguladores de la represa o la misma naturaleza  hacen descender las aguas, el viejo puente asoma para recordar su existencia. 








Fotos tomadas de: http://www.santaana.tur.ar/fotos.php

    ¡¡Resistencia, de eso se trata!! Cuenta la leyenda que el puente sumergido atesora una energía especial de todo su pueblo y de la colonia que lo vieron primero nacer, luego servir, conectar, unir, comunicar, vincular, enlazar y fluir durante tantos años. Entonces, para seguir resistiendo y existiendo, esa misma energía de Santa Ana, ha inspirado a quienes construyeron el nuevo puente mirador que adorna la costanera, con el fin de transmitir esa fuerza vital a quienes lo visitan. Cuando visiten el lugar, no dejen de acercarse al mirador, tóquenlo, siéntanlo y recárguense con su energía emocional positiva que les dará fuerza y resistencia. 
     Además de conformar un pintoresco paisaje para tomar fotografías y hacer más emocionantes ciclopaseos y caminatas, el nuevo puente es un homenaje y recuerdo permanente a todo el desarraigo que experimentaron los usuarios del viejo puente en pos del progreso y del aporte de energía hidroeléctrica al sistema nacional. Desde este bonito rincón, Santa Ana expande solidariamente toda su energía para argentinos y uruguayos, con la felicidad de saber que el esfuerzo de dejar nuestras casas valió la pena.

Nuevo puente: 6/02/19
Nuevo puente: 16/02/20

  


















jueves, 12 de mayo de 2016

Glosario de equivalencias terminológicas argentino-boliviano

Lanche, N. Glosario de equivalencias terminológicas argentino boliviano ArBol
Glosario de equivalencias terminológicas argentino - boliviano ArBol

bandera_argentina_animada.gifbolivia.gif
Introducción
     Argentina y Bolivia tienen muchas cosas en común, una de ellas es el español o castellano como primer idioma oficial, pero aun compartiendo este idioma hay variantes en los términos usados en cada país. Estas diferencias se deben en gran medida a la influencia de los procesos inmigratorios experimentados, a la conservación de un español más puro y al uso de lenguajes y costumbres autóctonas. Así, cada país fue construyendo su propia identidad lingüística que, afortunadamente para ambas naciones, sigue vigente aunque haya una fluida interacción entre sus poblaciones. También existen dialectos internos dentro de Argentina y de Bolivia, los términos presentados aquí pertenecen al argentino rioplatense y al boliviano paceño.     La finalidad de este trabajo es reflexionar sobre las variantes y curiosidades que presenta el lenguaje dentro del mismo idioma, al tiempo que ofrecer esta información a los argentinos que llegan a Bolivia o interactúen de algún modo con los ciudadanos del vecino país, para facilitarles la comunicación, que si bien no son grandes las dificultades, evita complicaciones.     Este glosario recopila más de un centenar de vocablos y construcciones que se usan en Bolivia con su correspondiente palabra o definición argentina. En muchos casos son simplemente sinónimos, que por usos y costumbres, en un país se emplea más un término que otro, por ejemplo acera - vereda ; jalar - tirar. O expresiones que en Argentina se usan aunque no figuren en diccionarios como es el caso del diminutivo cucharita por cucharilla. En otras oportunidades los términos definen elementos típicos de Bolivia como el vocablo aguayo, o siglas propias como T.Ru.Fi. Asimismo hay algunas construcciones lingüísticas como “va a disculpar”, “no ve’” entre otras.     Las entradas están ordenadas alfabéticamente en negrita, seguidas de la abreviatura correspondiente a la categoría gramatical en las que se las incluyó: sustantivo (sust.), verbo (v.), construcción (constr.), adjetivo (adj.) o expresión (expr.), que no necesariamente coinciden con las categorías gramaticales convencionales, por citar un caso, a plomo se le adjudicó la categoría de adjetivo porque en este contexto se refiere a un color, aunque en otras situaciones conserve sus acepciones como sustantivo al referirse al elemento químico, a las balas o a una persona molesta.     En términos generales el lenguaje boliviano no ofrece dificultades de interpretación al extranjero hispanohablante, puesto que es muy accesible, intuitivo, práctico y tiene mucha lógica, por citar un ejemplo: cuando se dice que algo es color café, es fácil asociar con el color de este elemento natural, en cambio si se usa marrón, es necesario pensar abstractamente en los colores para luego transferirlos al objeto, lo cual es menos práctico.     En Bolivia es habitual el uso de diminutivos, sea por costumbre, para otorgarle más amabilidad a una conversación o para persuadir al oyente “llévese unito señor”, variantes que no se incluyen en este trabajo por no considerarlas necesarias.     Esta lista de palabras no agota acá, la presente es una publicación abierta a la incorporación de nuevos términos que los lectores quieran agregar, ya que no se realizó una investigación exhaustiva, sólo se tomó registro de las palabras que surgieron ocasionalmente en la interacción cotidiana al vivir en Bolivia.
GLOSARIO
Acera sust. Vereda.Aguayo sust. Tela rectangular, colorida con figuras simples, se usa como mochila, porta-bebé, abrigo, mantel, adorno u otros fines. Existen aguayos antiguos, que son tejidos artesanalmente, cuyo su costo es elevado y aguayos industriales, más comunes y económicos.Ahorita adv. de tiempo En este momento, ya. (Término aportado por Juan Cruz Lagar)Alasitas sust. Feria artesanal paceña en la que se venden miniaturas que se convertirán en realidad, pidiéndoselas con mucha fe a la deidad aimara Equeco, según versa la tradición.Alcuza sust. Vinagrera o aceitera.Amarrar v. Atar, es habitual para referirse a atar los cordones.Ánfora sust. Urna.Aparcar v. Estacionar. Parquear.Arete sust. Aro.Asiento sust. Se usa para invitar a una persona a tomar asiento.Aumentar v. Agregar. ¿Le aumento unas papas más a la comida?Baterraga sust. Remolacha.Beatle sust. Polera con cuello volcado. Cuello Beatle por ser la indumentaria que caracterizaba a este grupo musical.Botar v. Tirar algo. Echar a una persona.Botella sust. Biberón, mamadera.Brasier sust. Corpiño, sostén.Brazalete sust. Pulsera.Brazo gitano constr. Pionono o arrollado relleno de dulce de leche o crema.Buzo sust. Pantalón deportivo.Cabal o cabalito adj. Justo, exacto.Café adj. Color marrón: Un pantalón café. Se refiere a su color, a diferencia del sustantivo café en: Me tomo un café que también se usa en forma convencional.Camba sust. Persona india o mestiza oriunda del oriente boliviano. Santacruceño/a.Camote sust. Batata / También se dice de la persona que gusta de otra, sea hombre o mujer, ej. Luisa está camote de Juan. (Segunda acepción aportada por Elvira Portocarrero Flores)Campo sust. Lugar. Hacer campo o campito es dar permiso o lugar para pasar.Cancelar v. Pagar.Carne molida constr. Carne picada.  En realidad molida es la expresión correcta.Carote sust. Zapallo zucchini.Carrera sust. Viaje para el taxista.Carretero sust. Ruta.Cartapacio sust. Carpeta tic tac.Caserita, casera, case sust. Trato amigable entre comerciante y cliente.Chamarra sust. Campera.Charlatán sust. Curandero. Persona que ejerce la medicina casera empleando tradiciones, creencias e hierbas naturales.Chico/a sust. Novio/a.Choco/a adj. Rubio/a.

Mallasa_043.jpg
Chola /cholita sust. Mujer boliviana que viste faldas largas plisadas con varias capas de distintas texturas que le dan volumen, además usa zapatos chatos, chal, cabellos en dos trenzas largas y sombrero hongo o bombín. Hay campesinas y de ciudad, con distintos grados de elegancia. En La Paz las polleras son hasta el tobillo, en Cochabamba a la rodilla y en Santa Cruz encima de la rodilla, cuanto más cálido es el clima más corta es la falda / Mujer plurinacional / Mujer o señora de pollera.
Cholas

Cholo sust. Campesino con indumentaria específica, particularmente se destaca por el uso de gorro andino o chulu.
Chompa sust. Suéter, pullover, jersey.Chulu sust. Gorro andino.
chulu.jpg
Chulu
Chupete sust. Chupetín.Chuto adj. Incompleto, algo con documentación apócrifa, ilegal: Autos chutos.Cogotero sust. Malviviente que asalta a los usuarios de radiotaxis, ocultándose en la parte posterior de los asientos traseros del vehículo con complicidad del conductor y ataca desde ese lugar por el cuello al infortunado pasajero.Colar v. Pegar dos cosas con pegamento, cola o cinta adhesiva.Colla sust. Persona de la región occidental del país o parte altiplánica. Paceño.Coquear v. Masticar hoja de coca.Cucharilla sust. Cucharita, cuchara pequeña.Dar v. Combinar dos prendas, quedar bien: Esa polera le da con ese pantalón.De cariño constr. De yapa, además, gratuitamente. Se usa al comprar frutas u otra mercancía y la caserita da una más sin cobrarla: Ésta va de cariño.Dulce sust. Golosina: ¿Me das un dulce? En este caso funciona como sustantivo, a diferencia de me das una galleta dulce, donde dulce funciona como adjetivo calificativo de galleta.Echar v. Acostar: Échese en la camilla por favor / Hacer una llamada telefónica: Écheme una llamadita esta tarde por favor.Elevador sust. Ascensor.Entero adj. Liso. Color entero en una prenda de vestir por ejemplo.Equeco sust. Pequeño muñeco aimara o colla que representa al dios de la abundancia, prosperidad y felicidad. Se le rinde culto en la Feria de Alasitas, donde se venden objetos en miniaturas que representan los deseos de las personas, luego supuestamente se concretarán.Estuche sust. Cartuchera.Flojera sust. Pereza.Flojo/a adj. Que no le gusta trabajar.Folder sust. Carpeta de tres solapas.Fregada adj. Persona conflictiva.Fregar v. Romper: Se me fregó la computadora.Funda sust. Folio de nylon para proteger las hojas de carpeta.Galleta sust. Galletita.Gancho sust. Percha.Gasolinera sust. Estación de servicio. Surtidor de combustibles.Gaucho sust. Argentino, se usa en forma despectiva o afectiva, dependiendo del calificativo que acompañe a la palabra.Gradas sust. Escaleras.Guagua / huahua / wawa sust. Bebé, niño pequeño, chico, criatura, tanto mujer como varón, se usa siempre en femenino: la guaguaaunque sea un nene.Guindo adj. Bordó o granate.Harto adv. cant. Mucho: Trabajé harto.Huahua sust. Guagua.Jalar v. Tirar, atraer algo con fuerza. Es muy habitual su uso en los carteles de las puertas: Jale de un lado y empuje del otro.
Kantuta sust. Flor nacional de Bolivia. También se reconoce a la flor del Patujú.
kantuta.jpg
Kantuta
Liga sust. Elástico.Llantería sust. Gomería.
Lustras sust. Lustrabotas. Joven que lustra calzados generalmente en las veredas del centro, usa gorro tipo pasamontañas para cubrirse la cara. (Término aportado por Elvira Portocarrero Flores)
Macurcado/a adj. Contracturado/a, molestias que se sienten en el cuerpo después de hacer actividades físicas: Tengo la espalda macurcada.Malograr v. Arruinar o echar a perder algo.Mandil sust. Guardapolvo escolar / Especie de delantal largo y tableado con pechera que usan las señoras cholas encima de la ropa para protegerla, mientras trabajan o andan por la calle.Manjar sust. Dulce de leche.Mantequilla sust. Manteca.Mate sust. Té, saquito para preparar infusiones de coca, piña, anís, té verde, etc. Infusión preparada con los saquitos.Minibús sust. Servicio de transporte urbano con itinerarios fijos, se realiza en vehículos tipo combi, trafic o minibús, recoge y baja pasajeros en las calles principales. En el parabrisas lleva carteles que indican los destinos, los cuales se van cambiando en la medida que van pasando por esos lugares. La información de los carteles es reforzada verbalmente por la o el acompañante del chofer por si los potenciales pasajeros no pueden leer los carteles por alguna razón. También suelen decir el valor del pasaje. Cuando un pasajero quiere bajar, dice en voz alta “me quedo” y el vehículo se detiene en cualquier parte de la carretera para que descienda, por lo que se debe tener mucho cuidado cuando se va conduciendo un automóvil que va detrás de estas unidades.Mondadientes sust. Escarbadientes, palillos.Montura sust. Marco de los anteojos.Moño sust. Rodete, peinado recogido.Movilidad sust. Transporte, vehículo.No sale constr. No se puede bajar un precio. En el marco de las negociaciones por el precio de una mercadería, cuando no pueden bajar más, se dice: no, no sale.No ve’ constr. Se usa para convencer al oyente de lo que se le está diciendo. Es como si se dijera: ¿si? ¿te das cuenta? ¿ves? ¿Correcto?Pan molido constr. Pan rallado.Parqueado adj. Estacionado.Parquear v. Aparcar. EstacionarParqueo sust. Estacionamiento vehicular.Pasar: v. Tomar clases / Ver o estudiar un tema: Luis está pasando clases de InglésProfesor, a eso ya lo pasamos.Pepita sust. Semilla.¿¡Perdón!? Expr. ¿Qué?/ ¿Cómo dijo?/ ¿Puede repetir que no entendí? La combinación de ambos signos le otorga esa dualidad de sentido simultáneo: pregunta y exclamación.Pila sust. Grifo. Canilla o llave para regular el paso del agua u otros líquidos.Piraña sust. Broche para el cabello.Placa sust. Patente o chapa de los vehículos.Plano adj. Sin taco, calzado bajo.Plátano sust. Banana.Plomo adj. Gris.Pluma sust. Bolígrafo, birome.Polera sust. Remera. Camiseta Tengo lpolera de la selección.Polo sust. Chomba con cuello, chemise. Prenda de vestir de punto, con cuello tipo camisa pero cerrada hasta encima del pecho, luego continúa con botones hasta el cuello, tiene mangas.Poro sust. Mate de calabaza natural, el recipiente propiamente dicho.external image images?q=tbn:ANd9GcRwMlvqdn21wnU4xWtdwW-9Tbe2TKhU7UASTJTsvKVxTYiGKv71Queque sust. Bizcochuelo o especie de budín inglés.Raspador sust. Rallador de cocina.Rayitos sust. Claritos, reflejos, mechas aclaradas en el cabello.Refresco sust. Jugo, zumo de fruta. Gaseosa.Requesón sust. Ricota.Res sust. Vaca, vacuno: Compré carne de res.Rotar la muñeca de un lado hacia otro con la mano abierta y el brazo en alto significa que no está disponible por ejemplo un taxi, o que no hay lugar en un estacionamiento (no hay más campo en un parqueo).Scratch sust. Velcro o abrojo.Seguir v. Pasar: ¡Permiso! / Siga usted no más.Soda sust. Gaseosa. A la soda argentina se la llama agua con gas.Soroche sust. Malestar provocado por la altura.Suavito/a adj. Blando, tierno. Carne suavita.Sudadera sust. Musculosa, remera para hacer deportes.Sueltito sust. Cambio, monedas o billetes de menor valor.T.Ru.Fi. sigla Transporte de ruta fija. Taxis que van recogiendo y bajando pasajeros con un itinerario fijo, no es puerta a puerta, a diferencia de un radio taxi. Lleva dos pasajeros adelante, además del conductor, y tres o cuatro pasajeros en el asiento trasero.Tajador sust. Sacapuntas.Tapete sust. Carpeta para cubrir parte de una mesa u otro mueble.Tenis sust. Zapatillas.Tienda sust. Negocio de cualquier rubro (quiosco, almacén, boutique).Tinte sust. Tintura para el cabello.Tocuyo sust. Lienzo, tela de lienzo.Trancadera sust. Congestionamiento vehicular, embotellamiento de tránsito en las calles.Tubo para el cabello constr. Rulero.Tumbo adj. Color interno de este fruto, similar al rosa salmón. También se usa como sustantivo para referirse a este fruto en forma convencional.Último precio constr. Expresión utilizada para pedir a la vendedora una rebaja en el costo de una mercadería: ¡Último precio case por favor!Uñero sust. Cortauñas.Uslero sust. Cilindro o palo de amasar.Va a disculpar constr. Perdón. Justificativo para pedir perdón, generalmente por incumplimiento de un compromiso.Vagoneta sust. Vehículo monovolumen tipo Jeep, Ecosport, etc.Vainita sust. Chaucha.Wato sust. Cordones de zapatos o zapatillas.Wawa sust. Guagua.Wincha sust. Vincha.Wiphala sust. Bandera andina cuadrangular con los colores del arco iris. Desde 2008 es reconocida como símbolo del Estado y se enarbola en los edificios públicos acompañando a la Bandera tricolor boliviana roja, amarilla y verde.
Wiphala.gif
Wiphala


Ya (ia) adv. afirm. Sí / de acuerdo / bueno / ya / ¡no te creo! / ¡increíble!Yuca sust. Mandioca.Zumo sust. Jugo de frutas naturales o preparados artificiales.