Braiton
Braiton iba
al colegio con sus compañeros de toda la vida, compartían las más desopilantes
aventuras mientras crecían, siempre se acompañaban en las buenas y en las
malas. En los últimos años de secundaria cada uno iba definiendo su perfil y
los líderes del grupo daban por sentado que todos estaban de acuerdo en
seguirlos en sus conductas. En esa oportunidad estaban juntando lo necesario
para la gran fiesta de las agrupaciones estudiantiles de los distintos colegios
de la ciudad, que incluía una previa independiente de cada curso en la casa de
alguien.
Braiton,
por su parte acompañaba como todos los demás, aportaba el dinero para la
fiesta, pero había un tema que lo preocupaba mucho, y no quería conversarlo en
el grupo por temor a que lo discriminen. Tampoco se animaba a hablarlo con su
familia. Llegaba del colegio a su casa muy abrumado con su preocupación, hacía
rápido las tareas, leía algo para el otro día, se reunía por algunos compañeros
para hacer trabajos escolares, iba al gimnasio, siempre con esa inquietud que
lo asediaba. Braiton era abstemio y no se lo quería decir a sus compañeros, a
quienes no se les ocurría pensar que podría existir un chico que no tomaba
bebidas alcohólicas. Ese grupo había cancelado a Ayelén, una compañera nueva
que, con toda personalidad y la mejor onda, les agradeció la invitación a sus
reuniones y les dijo que no le ofrezcan más bebidas con alcohol porque decidió
no consumirlas, les aclaró que los acompañaba, les respetaba sus hábitos y
pidió que respeten los de ella. Como ese fue el motivo de discriminación, el
chico decidió callar su situación.
Llegó el
gran día de la fiesta, los chicos concurrieron a la previa en una casa donde
habían acopiado gran cantidad de bebidas y algo de comida, allí cantaron,
bailaron disfrutaron, cuando no quedó nada del acopio, se fueron al club donde
se realizaba la gran fiesta de las agrupaciones con los otros colegios. Eso fue
lo que contaron algunos, ya que Braiton no recordaba nada de esa noche, sabía
que fue, que varios compañeros le pasaron vasos con cocteles que tenían en un
bidón y nada más, porque despertó dos días después en el hospital.
Braiton,
también cancelado, terminó siendo muy amigo de Ayelén, juntos analizaban y
estudiaban por qué la sociedad permitía que no se cumpla con la ley de venta de
bebidas alcohólicas a menores y por qué sus compañeros no podían entender que
beber no era la única forma de divertirse.
El tiempo
pasaba y cada vez eran más grandes los inconvenientes que les acarreaban los
consumos problemáticos a los chicos de ese curso, de modo que, a fin de año,
era más numeroso el grupo de Ayelén y Braiton que el otro, o mejor dicho ya no
había dos grupos antagónicos, porque la sobriedad del grupo mayoritario
acompañaba y contenía a los demás. Este dúo de valientes estaba muy emocionado
por inspirar a los chicos, por ayudarlos a comprender el valor de respetar las
decisiones individuales, sin proponérselo lograron promover una cultura más
inclusiva y consciente, desafiando las normas sociales establecidas.
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