Datos personales

Mi foto
Chajarí, Entre Ríos, Argentina

sábado, 18 de octubre de 2025

Una Comadreja mora en la Nueva Santa Ana

 

Una comadreja mora en la Nueva Santa Ana

Entre los años mil novecientos setenta y nueve y mil novecientos ochenta estábamos de estreno en Santa Ana, lo común era que la gente estrene ropa, autos, novio o novia también, pero los de Santa Ana éramos muy originales, estrenábamos nada más ni nada menos que un pueblo nuevo. Habían construido la Represa de Salto Grande en el Río Uruguay y con esa obra se formó el Lago de Salto Grande. En el lugar que ocupó el lago, estaba la mitad de nuestro pueblo: Santa Ana. También inundó a la ciudad de Federación y dos localidades más del lado uruguayo. Entonces tuvieron que hacer el pueblo nuevo en una parte más alta donde no llegaba el agua, por eso estrenamos pueblo, no éramos nuevos nosotros en el pueblo, sino que el pueblo era el nuevo, y de a poco, todos, tanto los humanos como los animales y vegetales, nos tuvimos que adaptar a la nueva situación.

Llevábamos unos ocho meses en el nuevo lugar, qué tranquilas vivían mis cuarenta gallinas con dos gallos que las cuidaban desde cada esquina. Tenía coloradas, legas, batarazas, copetonas, polacas y pericas entre otras razas, me gustaba mucho intercambiar huevos para tener variedad. De mañana comían verdeos y lombrices, luego unos ricos maíces ante mi llamado: ¡Pi, pi, piiii! ¡Prrrr! y acudían todas a llenar sus buches. A la siesta ponían huevos, hasta treinta por día recogía en época de postura y con buena pastura. Después menguaba, pero nunca sin huevos me quedaba, aunque sea para el consumo alcanzaba. A la tardecita iban todas puntuales a dormir al gallinero, ninguna se atrevía a pasar la noche afuera, esa era la ley de mi gallinero, y siempre se cumplía, por amplia mayoría. Cuando estaban todas en su lugar, trancaba bien la puerta para que nadie pueda molestar y menos escapar. Todos dormían en paz y armonía hasta el otro día.

Pero esa madrugada de enero, algo extraño sucedió en el gallinero. Se escuchó un gran alboroto, tal vez el tejido alguien había roto o desde afuera cavaron en la tierra un agujero... Me levanté cuando escuché, pero no vi a nadie.

Al otro día en un baldío, encontré dos cuerpos sin latidos, una copetona y una lega de las más lindas. Un ladrón no era, se las hubiera llevado. Seguro que una comadreja le comió las vísceras —pensé.

En casa tenía martillo y tenaza no más, entonces me fui a la ferretería del pueblo, compré tejido, clavos y alambre, por si había una comadreja con hambre. A reforzar la seguridad me dispuse, trabajé con ahínco todo el día, no quedó ningún agujerito, ni para que pase un pajarito.

Pasaron los días sin novedades. Hasta que otra madrugada, de nuevo hubo lío en el gallinero, alguien dejó la puerta mal cerrada. Me fui furiosa con una pala y una linterna, ahí estaba la comadreja a punto de cometer otro ataque con su segunda gallina de la noche. Ya había matado a una colorada, hermosa, era casi anaranjada, brillosa, tenía grandes muslos y ponía huevos doble yema. Ahí la dejó tirada a la pobre colorada, sentía que se me salían los ojos de sus órbitas de la bronca, la comadreja me miró, la miré, miré a mis gallinas que me miraban, miré a la comadreja, a las gallinas, la colorada del piso que también parecía que miraba porque tenía un ojo abierto. La comadreja advirtió mi enojo, se quedó paralizada.

Dejé la linterna encima de un cajón enfocándola, con decisión tomé la pala con las dos manos, calculé la distancia y la fuerza que necesitaba, estaba muy furiosa con la comadreja.

Que Dios juzgue si fue cobardía o valentía, ante tal disyuntiva, era salvar a mi gallinada, o defender a la intrusa.

Justo en ese momento, me acordé de la extinción, de la represa, del control de ratas y de la deforestación. Si no había árboles ni pájaros, la pobre bicha, se quedó sin comida, reflexioné.

Un sustito le di con una buena corrida para que aprenda la lección, sin dejarle ninguna lesión. Se ve que aprendió porque nunca más volvió y me propuse cuidar más el gallinero para seguir teniendo huevos de mi propio criadero. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario