Ñangapirí
finos ramilletes de blancas flores,
entre hojas verdi-rojas
la armonía se levanta.
y el crudo invierno, ya
rendido,
no logró detener
tu resplandor bendecido.
Tu perfume, leve y puro,
embriaga suave la brisa,
y las abejas danzan,
bellas,
en labor que eterniza.
Ñangapirí, Pitanga, Eugenia,
como te quieran nombrar,
tus racimos serán rojos frutos
que endulzarán la primavera,
allá en noviembre,
a orillas del Uruguay.

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