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Chajarí, Entre Ríos, Argentina

viernes, 19 de enero de 2024

De poetas y poesías

 Los poetas y las poetisas

👉transforman sus sentimientos íntimos  en palabras para regalarlas al universo

👉son mariposas  en vuelo constante

👉son pedazos de cielo que flotan con su imaginación


    Mi jardín


Mi jardín es un canto a la libertad

es espontáneo, expresivo y natural.


Así es mi jardín

tampoco sé si es mío, o es de todos

porque  está entre la vereda y la calzada

frente al lugar que habito

desde donde lo cuido y disfruto.


Cuanto menos plantas exóticas, mejor

porque de las nativas, son su invasor.

Basta  alguna semilla regional que encuentro por ahí,

al tiempo se llena de flores con frenesí

recordando su origen en sí.


Así es este jardín

no sabe de geometría, líneas rectas

ni círculos perfectos

no está para servir a mi vanidad,

sino a la diversidad.


Con el sol intenso de la siesta

¡se arma una gran fiesta!

Disfrutan las flores entusiasmadas

abejas, mariposas y toda la fauna asociada.


Atraídas por  el rico polen

vienen en cuatro, seis u ocho patas,

otro tanto pasa con las alas

y qué decir de las formas y colores 

Cuánta diversidad en esas flores.

Cuánto poder tiene una semilla

que a estas criaturas  

le hacen la vida más sencilla.

Natacha Lanche



sábado, 23 de septiembre de 2023

Las telas de mi infancia


Las telas de mi infancia

 

   Hace unos días abrí un gran baúl lleno de piezas de telas, metros y metros de los más variados diseños, los cuales como en una alfombra mágica me llevaron hasta mis primeros años de vida. Diseños que estaban adormecidos en mi mente, pero al verlos, espontáneamente afloraron los recuerdos de haber crecido en la tienda de Santa Ana, antes de la llegada del Lago de Salto Grande. 

   Don Aquiles Lanche, mi padre, vino desde Salto - Uruguay, primero exploró toda la zona como vendedor ambulante, al principio con una valija y a pie, luego en un Ford T,  recorrió las colonias y ciudades de la región, hizo muchos amigos gracias a su honestidad, risa contagiosa y buen humor, así logró una gran clientela, conociendo sus gustos y necesidades en materia de indumentaria. Cuando se posicionó como comerciante y la cantidad  de mercadería creció, trajo sus capitales del Uruguay y eligió Santa Ana para establecer allí la querida tienda que fundó en 1940. Luego se casó con  mamá, a quien conoció siendo costurera del negocio, nacimos las cuatro hijas que desde chiquitas íbamos y veníamos entre la casa y la tienda, por eso es tan fuerte el recuerdo de las telas mágicas.

   Allí crecimos las cuatro hermanas, rodeadas de amor entre dibujos y colores mágicos, que se desplegaban sobre los anchos mostradores ante las caras felices de las clientas, quienes ya se imaginaban en una fiesta luciendo vestidos con esas texturas y estampados alegres. Y ahí estaban las habilidosas manos de Julia Dalarda, nuestra madre, cortando la cantidad exacta que se necesitaba, como buena modista profesional, y según el modelito que la clienta deseaba, orientaba con precisión cuánto debía llevar, también  con qué hilos, botones, cierres o puntillas complementar. 

   Esas telas con historia también trajeron a mi mente las otras secciones de la tienda: ropas para damas, caballeros, niños, bebés, calzados (zapatos suela Febo, zapatillas Flecha, Pampero, alpargatas Taba), cosméticos, perfumes, colonias, lociones (Nantes, Polyana, Lancaster, Mary Stuart, Claro de Luna, Crandall, Old Spice, 7 Brujas, Magazine), accesorios como los pañuelos de acetato para la cabeza o el cuello, medias, cintos, carteras, bijouterie, ropa interior incluyendo enaguas o combinación, sombreros, gorros, bufandas, bazar, librería, juguetes, blancos, muebles, deportes (Sacachispas), tecnología (radios, tocadiscos, relojes Watra o Fero, linternas, encendedores, yesqueros, cortaplumas, máquinas de afeitar),  etc. Todo desplegado en dos grandes  salones unidos, rodeados de estantes y mostradores,  excepto los muebles que estaban en los depósitos. Así era nuestra tienda, venían gente de toda la región, de las colonias en sulkys o autos, de Mocoretá o Federación arribaban en autos o en el coche motor.

   Ahí están en el baúl las telas mágicas para ayudar a recordar que bajo el lago, una tienda existió.



 

martes, 5 de septiembre de 2023

Santa Ana, la historia sumergida en el lago

En este video leo el relato de mi autoría titulado  Santa Ana, la historia sumergida en el lago incluido en el libro Pinta tu aldea de varios autores en su primera edición - Editorial de Entre Ríos, 2022
En cuanto al video, pensaba hacer un audio para alguien con dificultades para leer y terminé agregándole fotos de un alto valor afectivo que ilustran todo el texto en general, no esperen que coincida el relato con cada foto, están avisados :) :)

Santa Ana, la historia sumergida en el lago

Santa Ana es una bella localidad del noreste entrerriano, abrazada por aguas, playas y el verde anaranjado de sus cultivos. Detrás de este paraíso subyace una historia muy particular que conlleva una mezcla de nostalgias, solidaridad, expectativas, resiliencia y esperanzas. El suceso de referencia ocurrió en 1979 e involucró a un sector de la urbanización y de la zona rural, con sus habitantes y proyectos de vida. Fue entonces cuando gran parte de Santa Ana, tuvo que trasladarse a la zona más elevada o emigrar a otras localidades para dar espacio al emplazamiento del lago de Salto Grande. Esto ocasionó una verdadera transformación en el lugar y en la vida de la mayoría de sus pobladores. Pero... ¿Fue positiva o negativa esta vicisitud para los protagonistas y la región? Recordar puntos históricos clave, considerando datos del investigador Varini, ayudará a ensayar una respuesta.

En estas tierras, enaltecidas por el espíritu de pueblos originarios, en 1848 Santiago Artigas —enviado por Urquiza— creó la Estancia Estatal Santa Ana, que luego fue vendida a particulares. En 1896 la compró Cupertino Otaño, al año siguiente la loteó, delineando la planta urbana, llamada Pueblo Otaño y la zona rural adyacente, que denominó Santa Ana. Desde 1875 pasaban las vías férreas, quedando las mismas casi al medio de la urbanización. La Ley Nacional de Inmigración y Colonización promulgada en 1876, propició la llegada al lugar de europeos, en su mayoría italianos. En 1889 se construyó la estación ferroviaria Santa Ana. En 1901 se entronizó a Santa Ana como Patrona, hechos que unificaron el nombre del poblado. Los datos precedentes dan indicios de que cada etapa fue dejando su legado demográfico a través de los años: originarios, gauchos, criollos y demás habitantes de la estancia, inmigrantes, ferroviarios, luego se sumaron docentes, enfermeros, policías, comerciantes, entre otros. Este rico crisol cultural se integró y consolidó generación tras generación, conformando una linda e interesante población con tradiciones y costumbres propias, muy reconocida en la región. Con esa identidad santanense bien definida, llegamos a los 70, que son los años previos al lago. Para entender cuál era la necesidad de crearlo, es oportuno volver a mirar hacia el pasado explorando datos en la página web de Salto Grande: los guaraníes los llamaron Ytú; los españoles, Salto Grande, son los rápidos del Río Uruguay, que impidieron desde siempre la navegación, obligando a interrumpirla desde Monte Caseros hasta Hervidero —Departamento Concordia—  Hacia finales del siglo XIX con el devenir de la electricidad, consideraron la posibilidad de aprovechar los saltos para generar energía hidráulica. Desde 1890 propusieron realizar una represa argentino-uruguaya, luego otros proyectos que incluían navegabilidad, riego, control de crecientes, agua potable, recursos ictícolas, todo para contribuir al desarrollo económico y social de ambos países, los cuales anhelaban trabajar juntos para lograrlo. Los sucesivos gobiernos y sus pueblos, sostuvieron la voluntad de seguir con este plan, no obstante estas convicciones, hubo acuerdos y desacuerdos que retrasaron los propósitos por décadas y, recién en abril de 1974 se comenzó a construir la tan ansiada Represa Binacional de Salto Grande.

Antes del lago en Santa Ana el relieve marcaba dos zonas bien definidas, una baja y otra alta, esta última subsistió y albergó a los habitantes de la primera en modernas construcciones realizadas para tal fin. En la parte baja se destacaban: la estación del ferrocarril con toda la infraestructura necesaria para conectarnos a través del tren y del coche motor. Otras vías de comunicación eran el correo postal, la central telefónica, algunos teléfonos particulares, el arroyo que se utilizaba para recreación y sobre el mismo pasaba el puente que vinculaba con el acceso a la Ruta Nacional N° 14, a la estación de servicio, a las Colonias Ensanche Sauce, Belgrano, Mandisoví, entre otras.

Tenía cancha de fútbol y club social: ambos convocaban asistentes de una vasta zona. En cuanto a comercios y servicios había: panadería, carnicerías, bares, almacenes, fábrica de soda, tienda, heladería, quioscos, transportista, zapateros, modistas, fotógrafas, tejedoras, peluqueros, colonos que vendían sus productos a domicilio, embarcadero, taller mecánico, estación de servicio a cinco kilómetros del pueblo. En la ruta se tomaban colectivos de larga distancia y al pueblo entraba uno de corta distancia. En lo referente a edificios, los locales públicos, comercios, galpones y varias viviendas eran de material, también existían casas precarias. Las calles principales estaban enripiadas. El tanque de agua que aún sigue en pie, abastecía a surtidores públicos y a pocos hogares. En 1972 Santa Ana tuvo el primer órgano de gobierno y en 1974  Junta de Gobierno. En 1975 se creó la escuela secundaria y se instaló electricidad domiciliaria.

A partir de 1974 todo fue cambiando. Llegaron ingenieros, topógrafos, muchos santanenses iban a trabajar a las obras de la represa, comenzaron las expropiaciones, hubo que decidir si quedábamos en el pueblo y en tal caso si nos haríamos la casa o si iríamos a las que ofrecía el gobierno. Cada familia evaluó y decidió. El movimiento local crecía constantemente por los obreros y las maquinarias. Le dieron una dinámica importante al lugar, pero nos inquietaban dos cosas: que nuestro espacio se iba a inundar y la incertidumbre acerca de qué iba a pasar cuando quedemos prácticamente aislados y se vayan las empresas constructoras. El tiempo pasó rápido y llegó 1979: varias  familias se fueron a vivir a otras localidades, la mayoría nos mudamos a casas nuevas en la parte alta. Nuestras viviendas anteriores fueron destruidas, retiraron las vías, desmontaron árboles, dinamitaron sin éxito el puente. Fue triste y desolador ver cómo desaparecía nuestro pueblo. Poco a poco llegó el agua, cortó el acceso a la ruta y a las colonias que estaban al oeste. A algunas familias nos quedaron los familiares y la chacra del otro lado del lago. Contábamos con una sola salida, que cuando llovía se volvía intransitable. Toda la parte baja fue sumergida, excepto el tanque de agua. La escuela secundaria se cerró, no había teléfonos, ni ferrocarril cerca. A pesar de todo, como pueblo comprendimos que el sacrificio valía la pena para favorecer el desarrollo regional, del país y del Uruguay. Optamos por enfocarnos en la parte llena del vaso, o sea  en nuestro lago, colmado de energía, vida e historia, porque en cada gota de agua y en cada granito de arena, hay un sentimiento, una emoción que le agrega valor. Otro aspecto favorable eran las viviendas nuevas que invitaban a disfrutarlas, quererlas, compartir la misma experiencia con la vecindad y, con ese sentir colectivo, pudimos pensar en el futuro. En 1984 se declaró municipio de II categoría a Santa Ana, gestionaron obras, restablecieron comunicaciones, servicios y durante cuatro décadas de trabajo, el pueblo se convirtió en una atractiva ciudad muy visitada, con casas de veraneo en la costa e infraestructura turística. En el año 2000, con la construcción de la Ruta N°2, recuperó su conexión con la Ruta Nacional N° 14. La fuerza de voluntad local pudo convertir lo pequeño en grandioso, prueba de ello es aquel festival regional que nació en 1986 y actualmente es la exitosa Fiesta Nacional de la Sandía.  Por todo lo vivido  Santa Ana merece  lo mejor para su desarrollo.

A más de 40 años de los sucesos de 1979, en lo mediato, resultaron positivos por el gran  desarrollo regional logrado. Ese progreso tuvo un precio en lo inmediato por los inconvenientes mencionados y en lo emocional. Como muestra basta decir que  no tenemos elementos tangibles para reconstruir un recuerdo de la infancia, pero por fortuna lo compensa un paisaje maravilloso que invita a soñar en grande.



https://soundcloud.com/lic-natacha-lanche/santa-ana-la-historia-sumergida-en-el-lago?si=c460ec88bcc14f4baa98041c800c4ba4&utm_source=clipboard&utm_medium=text&utm_campaign=social_sharing

domingo, 27 de agosto de 2023

Pinta tu aldea

 Comparto imágenes del libro "Pinta tu aldea" publicado por la Editorial de Entre Ríos, es una antología con relatos históricos de distintos lugares de nuestra querida provincia. Participé contando lo sucedido en Santa Ana en el año 1979, momento en el que el pueblo se trasladó para dar lugar al Lago de Salto Grande. Santa Ana, la historia sumergida en el lago, un verdadero orgullo que el sitio donde nací y crecí esté presente en esta obra.









lunes, 17 de julio de 2023

POESÍA BIBLIOTECA LITERATURA DE CHAJARÍ

 

Espacios eternos

Desde siempre para la humanidad

las bibliotecas han sido una necesidad,

papiros, pergaminos, tablillas

atesoraban el saber y el sentir como semillas.

Con el papel y la imprenta,

nuestros queridos libros

llenaron las bibliotecas más de la cuenta

una gran revolución que todos veían…

Luego llegó soporte digital

¡van a desaparecer!…. decían

sin embargo y muy proactivas

las bibliotecas se aliaron con estas tecnologías

fusionaron su técnica tradicional

con la inteligencia artificial

se potenciaron mutuamente para servir a usuarios

impulsadas por la energía de sus bibliotecarios.

Las bibliotecas son pasado, presente y futuro

resistieron los tiempos sin apuro

son puentes que unen la cultura con cada ciudadano

bregando por un mundo más humano.

Abiertas a los desafíos de tiempos modernos,

las bibliotecas son espacios eternos.

Natacha Lanche

jueves, 13 de julio de 2023

De Gurí a marino

                                                    Creció en la costa del Río Uruguay

observando pirinchos, chimangos y teros,

calandrias, cardenales y horneros,

cada ave con su acontecer

ninguna era igual

¡Cuánto había para aprender

en la costa del Uruguay!

Siete colores, cabecitas negras y benteveos,

brasitas de fuego, perdices y naranjeros,

comadrejas, peces y toda la fauna

le enseñaban como en un aula.

 

Curupíes, cañafístulas y coronillos

chilcas, totoras y ceibillos

cada planta con su acontecer,

ninguna era igual

¡Cuánto había para aprender

en la costa del Uruguay!

 

A la Capilla San Miguel fue por religión,

a la Escuela 13 Libertad, por educación,

a Santa Ana por asuntos del corazón,

y a la mar, por profesión.

 

En el Arroyo Morillo tarariras pescaba

sabiendo que luego en el Uruguay desembocaba.

Hacia el este observaba la costa uruguaya

con sus montes, azucareras y playas,

veía pájaros en bandadas

que iban a dormir al otro lado

como en un rito sagrado

¿Quién pudiera?  -se preguntaba...

 

Desde el Norte el agua traía

troncos, semillas y mucho misterio

¿A dónde se irá el río? se cuestionaba muy serio.

Quería seguirlo, ya no se conformaba con lo que veía.

En la medida que crecía,

su curiosidad también lo hacía.


Aventuras, expectativas, sacrificios,

esperanzas, ilusiones, desafíos.

 

El río va al mar y un día fue tras él.

Estudio, perseverancia,

disciplina, constancia…

Los sueños llegan:  mares, océanos, barcos,

la Patria, el mundo, los puertos.

 

................................................................................

 

Treinta y cinco años después, mira a la distancia,

les cuenta toda su experiencia

a los descendientes de aquellos pajaritos de la infancia

y sigue viendo al inmenso mar

en los ojos azules de su Brisa del mar.

En la misma costa del Uruguay,

al abrigo del hogar que lo vio crecer

disfruta sus sueños cumplidos cada amanecer

lleno de orgullo y satisfacción,

por haber abrazado aquella vocación

de servir a la Nación.

                                                                          Natacha




martes, 4 de julio de 2023

Caminata a las termas



Caminata a las termas

Voy por Primero de Mayo
rapidito como un rayo,
llego a la Padre Galay 
avenida hermosa si las hay.

¡Güep! me gritan desde una bicicleta
es el  señor que vende ruleta.
Sigo ligerito como me dijo el doctor
para combatir el colesterol,
pero frena el vendedor
que es muy conversador.
Palabras van, palabras vienen
siempre me entretienen.

Sin parar había dicho el doctor,
pero ¡cómo no voy a parar!
si nos gusta conversar, 
así somos en Chajarí
como los patos sirirí.
 
Retomo la caminata 
y justo viene Renata
que hace calor,
que tengo un dolor,
que qué lindo te queda ese color,
pasan diez minutos
y así, la caminata no da sus frutos.

Prosigo mi rutina
pero algo se mueve en la cina cina
me acerco y veo a una cardenilla
posada en la flor amarilla
¡cómo no fotografiar esa maravilla!


Así llego a los aparatos
ahí me quedo un rato,
eso está permitido
porque los músculos salen fortalecidos, 
lo dijo el cardiólogo
y también el traumatólogo.

Sigo caminando con felicidad,
y cruzo la Avenida Libertad,
llego a la esquina ¡cómo no voy a parar
un ratito para orar!
a pedir mi bendición 
y dar un nuevo envión.

Ahora sí, al trote hasta las termas
aunque no den más las piernas
¡vamos, vamos que no están enfermas!
Media vuelta y a regresar
eso sí, antes hay que hidratar,
a nadie le hace mal
un poquito de agua termal.

Vuelvo por la otra mano
en esta tarde de verano,
hay un concierto de mugidos 
que llegan a mis oídos,
es que mañana hay remate
y los animales piden que alguien los rescate.

Avanzo con mi trote entre los atletas
con sus coloridas camisetas,
sin más interrupción
que otro momento para la religión,
luego sigo ligerito como me dijo el doctor
para combatir el colesterol.

Paso por la laguna
y veo al chajá por fortuna
sólo una fotito desde lejos
evitando los reflejos.

Ahora en rápida caminata
regreso a casa  muy grata,
la Primero de Mayo retomo
y en breve por mi casa asomo,
con gran disfrute y felicidad
esperando otra oportunidad.

                                             Natacha
















lunes, 17 de octubre de 2022

Caligrama de Santa Ana El tanque

1897  18 de octubre   2022 

Feliz cumpleaños N° 125 Santa Ana, Entre Ríos!! Mi pueblo natal, de mi infancia y juventud, el que siempre llevo en el corazón por haber vivido allí las primeras etapas. Esta bonita localidad cuando tenía sus 82 años, en 1979, experimentó una gran transformación, ya que aproximadamente la mitad del pueblo debió trasladarse a una zona más alta para dar lugar a la formación del Lago de Salto Grande. En el medio del pueblo estaba y está el tanque de agua de Obra Sanitaria Nacional (O.S.N.), él "vio" todos estos cambios, cómo desapareció esa parte del pueblo, cómo se integró todo en una nueva ciudad, en fin, por eso y muchas razones, le dedico este poema visual.





jueves, 11 de marzo de 2021

Engañadores engañados MICRORRELATO

Engañadores engañados

Ellos pensaban que ella creía, mas sólo fingía porque le convenía... Cartitas, juegos, ilusiones, escondites. Amor de padres e hija, perdones, complicidad, risas😀😂😉

Y si había algún compañerito crédulo por ahí, la niña daba pistas para alertarlo del engaño y lo invitaba a seguir con el juego.

Cada año el rito se repetía, todos felices con aquella tradición más que traición, que en algún momento cayó de madura y el juego continúa.  



domingo, 1 de noviembre de 2020

Interpretaciones (microrrelato)



Interpretaciones

Mariana y Kevin cruzaron sus miradas entre la multitud, una estela de fuego indescriptible los unió mientras permanecieron en el lugar. Hablar era imposible. Kevin escribió discretamente un papelito y lo dejó al marcharse en la ranura de una columna de madera del salón. Ella asintió con la mirada.

Al salir Mariana reservadamente recogió el minúsculo papel en el que leyó 10 -11, 17 hs. escalinata plaza principal ❤️

El 11 de octubre Kevin esperó durante varias horas en el lugar indicado y se marchó decepcionado. El 10 de noviembre Mariana lo aguardó en vano hasta el cansancio.


                                                                                        💘El amor es universal... las convenciones, no.

jueves, 30 de abril de 2020

Opuntia Ancalada


Inspirada en Punta Alta💓

                                             Opuntia Ancalada
     En la pista de salud y otros sitios rosaleños similares, donde aún se conserva la vegetación autóctona a su alrededor, los caminantes disfrutan sus paseos mientras el viento marino los acaricia dejándoles una suave salinidad en la piel.  Van acompañados por sus mascotas,  en grupo o en soledad. También  ciclistas y  deportistas pedestres ejercitan entusiasmados con la esperanza de subir  al podio, compartir una pasión deportiva con sus semejantes, gastar energías o  simplemente para mejorar  la calidad de vida.
    
     En estas rutinas, alguien de pronto se ve sorprendido por una opuntia, una tuna u otra  suculenta semejante, como si esa planta nunca hubiese existido allí.  Ciertamente  estuvo y está reciclándose desde tiempos inmemorables,  pero es como si aflorara para cada transeúnte  que la descubre, se reinventa  con una potente atracción inexplicable, irradiando una energía especial que llama la atención.  Este fenómeno sucede por  la fuerza que emana de estas cactáceas rosaleñas, que han convertido sus hojas en espinas para resistir.  Sí, de resistencia, de eso se trata...  
     
     Cuenta la leyenda, que cada ejemplar de esta especie nace justo en el lugar donde  vivía  un integrante de los pueblos originarios que habitaban estas tierras.  Ellos, los dueños  de estos terruños por derecho propio, eran parte de la tierra y ésta a su vez, parte de ellos. Su posesión era natural y política, porque se las habían otorgado las autoridades a cambio del apoyo en la lucha contra las invasiones de otros grupos.  Cuando la ambición económica superó a la ingenuidad de los autóctonos, los funcionarios desestimaron promesas o acuerdos,  avanzando y avasallando derechos, a tal punto que los obligaron a desplazarse hacia el sur del país.  Con todo lo que implicaba este desarraigo, migraron dejándolo todo, con la angustia de no poder resistir al autoritarismo.
      
     Hoy las opuntias y sus parientes vegetales se yerguen por doquier intentando buscar  justicia para el amo innato.  Se hacen visibles en  estos  espacios elegidos masivamente  por quienes andan, pasean, marchan, caminan, trotan  o corren, y no es casualidad, sino que es  una forma de manifestar la presencia ancestral  de los  nativos  en estos territorios medanosos, que a través de estas plantas recuerdan su existencia.  Por eso cuando circulen por ahí, no las depreden, porque tienen además de las  funciones ecológicas, una función histórica.👈👀


Imágenes tomadas entre 2017 y 2018





















Esto es una creación  literaria, matizada con algunos tintes históricos y mucha fantasía.  Las opuntias existen,  pero no busquen en los libros de botánica las opuntias ancaladas,  no las encontrarán, son producto de la fusión   biohistóricoliteraria si se permite el término.

Fuente consultada:

miércoles, 29 de abril de 2020

Gracias a Julia


Relato inspirado en Punta Alta a partir de una conversación con un vecino del lugar, quien me contó que había  una elefanta enterrada enfrente de su casa.
Gracias a Julia
En todas las ciudades del mundo hay un terreno baldío de grandes dimensiones  y es allí donde se instalan los circos itinerantes   con sus inmensas  carpas.  Por alguna razón siempre quedan esos espacios, como si estarían esperando a los entretenimientos nómades.  En algún momento, efectivamente llegan, desembarcan acróbatas, actores de teatro, motociclistas, contorsionistas, equilibristas, magos, malabaristas, mimos, patinadores, payasos, titiriteros y cuanta destreza circense exista.  Durante la permanencia se altera la ciudad porque invaden con publicidad por distintos medios:  a la salida de los colegios  repartiendo entradas promocionales, rodantes que recorren todos los barrios, algunos se anuncian en aviones, por radios, diarios o televisión, en definitiva, nadie queda sin saber que hay un circo.  
En la década del setenta u ochenta, cuando todavía la publicidad era boca a boca, llegó a Punta Alta un gran circo, que además de las habilidades humanas, tenía animales salvajes adiestrados como era habitual en ese entonces.  Contaba con una pareja de leones, un oso, tres monos, un tigre y una elefanta a la que llamaban Julia.  Ella era el gran atractivo y durante la primera semana hizo muy bien sus piruetas.  Luego se enfermó gravemente al tragarse una botella con hipoclorito de sodio (lavandina) y no hubo forma de salvarla.  Sus restos quedaron  enterrados en el terreno ubicado en Colón e Italia de esta hermosa ciudad.   El circo siguió hacia otro destino con  el itinerario previsto. 
A partir de ese momento ya nada fue igual en ese sitio.  Los niños que conocieron a Julia pasaban tristes por el lugar  y  le tiraban flores desde lejos.  Si alguien quería comprar ese terreno para construir, el negocio nunca llegaba a concretarse, ni el municipio pudo urbanizar en ese espacio.
Paulatinamente la vegetación fue cambiando, a las plantas propias del lugar como opuntias, tunas, cañas de castilla y cortaderas, se le agregaron  acacias tortilis, kigelias, baobabs,  gramíneas de la sabana entre otras  especies   propias de África.
 Después de unos años y de ver esa transformación en el paisaje, la gente del lugar se convenció que  Julia no  perdió en vano su vida, afirmaron  que vino a dejar un mensaje a la humanidad para que no se utilicen animales para diversión, que no los maltraten, tampoco los alejen de su hábitat para que no se extingan.  Otros vecinos añadieron  que esta elefanta se negó a seguir mostrando estas prácticas a los niños para que no naturalicen el adiestramiento, que nunca es sin sufrimiento.  También  hubo  gente muy imaginativa que inició investigaciones para saber si este terreno  tiene una conexión intraterrestre con la cuna de los elefantes en África y suponen que por eso la elefanta lo eligió como su último destino.  Esto jamás se supo con certeza, aunque varias leyendas urbanas  afirman la versión.  Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que pasados los años este lugar sigue con su nueva vegetación, los niños y niñas de las cercanías juegan, arman sus carpas y escondites entre el herbaje con mucho misterio, crean allí las historias más desopilantes.  A este espacio no se lo ha podido utilizar para otra cosa y ya los circos del mundo  no usan más animales salvajes. ¡¡Gracias Julia!!
Fotografías del terreno de Colón e Italia, tomadas en 2018













lunes, 27 de abril de 2020

Cuento Ella camina hacia sus orígenes

Caminando hacia sus raíces

Verona Anahí ama caminar, caminar y caminar, por las mañanas o las tardes, el tiempo es indistinto, mientras camine. Disfruta esos paseos en soledad o en compañía de alguna amiga, aprovechando los variados senderos peatonales de Chajarí, su ciudad adoptiva desde hace unos meses cuando vino con sus padres desde el sur, quienes volvieron a su tierra de origen después de vivir muchos años en Ushuaia. La chica recorre los caminos sin un itinerario fijo, asimismo anda y desanda los espacios para peatones que no tengan cemento, prefiere piedras finas, arena, césped o cualquier pastito. Su sitio favorito es el parque termal, que queda a unos tres kilómetros de su casa que está en el centro de la ciudad. Allí encuentra la fusión perfecta entre naturaleza e intervención humana. Es ahí donde siente mayor plenitud, experimenta una conexión especial con esas tierras, como si fuera parte de estas desde tiempos ancestrales.

El agua es otro elemento del hábitat que le genera a Verona Anahí una vitalidad sublime al realizar sus caminatas. Ver, oír, palpar, oler y hasta saborear las aguas del predio termal que brotan del magnífico acuífero guaraní, la vinculan con un ente intangible pero muy presente en cada una de sus células.

Y el sol es un compañero que ella también aprecia para sus paseos, por supuesto respetando los horarios de exposición, para cuidar su hermosa piel morena que heredó de su abuelo materno Cuñambuy y sus ojos celestes heredados de su abuelo paterno Divecchio, esos bellos pedacitos de cielo están protegidos por unas llamativas pestañas tupidas, arqueadas y oscuras que contrastan con el largo cabello lacio, abundante, tan dorado como el trigo maduro. Sus pasos son cortos y rápidos, su estatura es baja y tiene la sonrisa más encantadora del mundo con la que hace resaltar sus pómulos bien definidos. Se apropia con su belleza inusual de cada espacio que recorre, los magnifica, les imprime un hechizo mágico, porque confluyen en su persona los rasgos de los habitantes originarios de estos terruños, con los de quienes inmigraron a la zona de Chajarí. La presencia de ella no pasa desapercibida, todos voltean con admiración y respeto al verla pasar. Los lugareños piensan que es una turista y los turistas que es una lugareña u otra turista.

Cierto día Verona descubre la reserva natural en el parque termal, queda deslumbrada con toda esa naturaleza tan cercana, no puede dar crédito de cuanto ve, percibe una atracción inexplicable por ese sitio. Piensa «¿Habrá que pagar para entrar?» —¡Lo averiguará!  Mientras, decide recorrerlo por la periferia, avanza observando con entusiasmo las especies a la distancia, sigue admirando su hallazgo desde el perímetro, estira la cabeza como espiando, porque escucha ruidos y quiere saber quién los provoca. Casi sin percatarse de cuánto se había desplazado y del tiempo transcurrido, de pronto advierte que se está poniendo oscuro y emprende rápidamente el camino a su casa.

Al llegar, sigue con sus rutinas familiares y con el firme propósito de ingresar a la reserva en sus próximas caminatas. Comenta en su hogar acerca del tesoro descubierto como algo grandioso, que en el sur entre la nieve no veía, sin embargo, su familia no le da mucha importancia a lo que ella cuenta:

—¡Ah! esos son árboles de la zona que nacen espontáneamente y otros que se plantan desde hace muchos años en la región le dice su padre—.

—Sí, los dejaron en la reserva para que no se extingan y para que vivan las aves y otros animales de la zona, o sea conservar la biodiversidad y de paso que purifiquen el aire. Cuando éramos gurises teníamos árboles así cerca de nuestras viviendas — le cuenta la madre—.

—¿Dónde? ¡quiero ir a verlos! —exclama Verona.

—No hija, ya no existen, los han sacado para hacer la represa o para plantar otros cultivos para el consumo humano, como alimentos, madera o criar animales también.  —agrega el padre—.

Al día siguiente el clima presenta las condiciones ideales para que ella pueda salir, se presenta una típica jornada del inicio de primavera, despejada, con sol suave. Rapidísimo llega a la reserva, pregunta a una señora si se podía pasar, quien le indica que sí. Plena de felicidad comienza a explorar el ambiente, siempre con esa sensación de «llamado de la naturaleza» que le despierta curiosidad, expectativas y asombro. Va atesorando en su mente lo que ve, muchos árboles tienen carteles con nombres: curupí, ñandubay, espinillo, paraíso, sen del campo, entre otros.  Pisa el suave pasto, ve unos cuises royendo hierbas, escucha silbidos y otros ruidos de aves, siente el sonido relajante de una corriente de agua. Hay varias indicaciones, bebederos y comederos para las aves, miradores, puentes y senderos que se bifurcan invitándola a descubrirlos. Todo le resulta tan deslumbrante que se siente incentivada a volver al lugar una y otra vez, sin dudas ese es su lugar en el mundo —escribió en su diario por la noche antes de acostarse—. 

Cuando en apariencia ya no hay más novedades por explorar, se dispone a apreciar los cambios que se van produciendo en la naturaleza, los disfruta, recibe la energía que emanan los árboles, se deja sorprender por la vida dinámica del sitio, ve a otros visitantes recreándose, tomado fotos y avistando la rica fauna. Pero en el atardecer de un sábado de noviembre parcialmente nublado, ¡¡le sucede algo increíble!!, percibe una sensación muy extraña detrás de su curupí favorito. Le parece haber visto su cara como si fuera en un espejo. Despeja la vista sacudiendo la cabeza y no vuelve a ver lo que hace instantes parecía haber captado con la mirada. Seguramente ha sido una sensación o una sombra, porque el sol aparece y desaparece —piensa y abandona el predio más inquieta que nunca—. Pasan unos días de lluvia, durante los cuales no puede ir y, a la semana siguiente vuelve, un día, otro día, siguen sus paseos sin volver a encontrarse con ese supuesto rostro tan intrigante.

En algunas ocasiones, durante sus excursiones intuye una presencia, pasos torpes, un aliento raro, una mirada que no puede ver concretamente, lo cual la hace pensar que solo es producto de su imaginación, posiblemente por sentirse tan a gusto en el lugar.

Después de varias semanas, un sábado con meteorología similar a aquel día de noviembre ¡vuelve a aparecer ese rostro! Lo ve una y otra vez, supone que los guardaparques del lugar han colgado la tapa de una lata espejada para escribir alguna indicación y es su propio rostro lo que se refleja. Se acerca sigilosamente, rodea el árbol ¡el rostro sonríe! ¡ella no!, la embarga un gran susto. Aparece un joven con los pómulos bien definidos, largas pestañas oscuras, tez morena, bastante parecido a ella, a diferencia del color de los ojos, el cabello y el cuerpo fornido del muchacho. Él sonríe de la forma más sincera y hermosa que jamás haya visto, esta vez ella se la devuelve y enseguida lo apabulla con preguntas sin tenerle miedo, porque la similitud entre ambos, le inspira una gran confianza: «¿quién sos?, ¿qué hacés, por qué me seguís?». El extraño desaparece dando un salto en un barranco sin emitir sonido alguno. Asombrada, pero ya no asustada, se queda mirando un buen rato el espacio vacío y como no vuelve a aparecer decide regresar a su casa.

Sus padres y amigos no le creen cuando les cuenta lo que vio, tal es así que deciden acompañarla en los siguientes paseos y, efectivamente, nadie ve lo que ella dice haber visto. Al tiempo, cuando la familia constata que solo es una ilusión de su hija, ya no la acompañan. Verona retoma sus paseos solitarios y el misterioso joven reaparece, la contacta en uno de los senderos de la reserva, le obsequia unas extrañas semillas envueltas en una hoja de cala y desaparece en el mismo barranco anterior. Ella se queda esperando en vano un buen rato y luego regresa a su casa.

Al día siguiente, se levanta temprano, analiza las semillas, pide instrucciones a sus padres para preparar la tierra y siembra con gran entusiasmo en el patio de atrás el regalo del amigo misterioso. Siente la necesidad de retribuírselas de alguna manera, entonces junta todas las semillas que habitualmente se tiran con los residuos domiciliarios y cada vez que vuelve a la reserva, lleva carozos, semillas de zapallos, de tomates, de morrones y de todos los alimentos que se consumen en el hogar. Por si acaso agrega garbanzos, variedad de porotos, lentejas, arvejas y trigo. Las deposita cerca de su curupí favorito y para la próxima vez que va, desaparecen, no sabe si las retira su amigo semillero, algún animal o las personas que andan por el lugar.

Pasan unos meses y las semillas que plantó en su patio dan sus frutos. Un día viene a visitarla el bisabuelo materno de Verona y ve las plantas crecidas en el patio, no puede salir de su asombro al reconocer hojas de papines, pimientos, maíces y maníes de distintos tamaños y colores, más una planta de quinua. La chica le cuenta el origen de las semillas y don Cuñambuy le explica que sus antepasados tenían reservorios subterráneos de semillas con túneles que salían a distintos lugares. Las guardaban para preservarlas en caso de invasión, por si tenían que abandonar voluntariamente el lugar por falta de alimentos o, simplemente para volver a sembrar al año siguiente, perpetuando esas especies vegetales tan útiles. Es probable que este muchacho pertenezca a esos grupos que permanecen ocultos y subsisten a través de distintas generaciones desde tiempos remotos —dice el bisabuelo.  Por esos túneles —agrega el bisabuelo— salen a lugares inhabitados, cultivan espacios pequeños de tierra para obtener alimentos y vuelven a guardar semillas. 

Verona, tras escuchar el relato, se siente una elegida para cumplir ese rol con las semillas, más en estos tiempos que la humanidad está volviendo al consumo de alimentos antiguos y naturales, por lo tanto, le resulta imperiosa la necesidad de colaborar con esta cruzada. Siempre supo que tiene una misión especial en la vida y que la motivación de sus caminatas es por una causa muy noble. En cada oportunidad que visita la reserva, piensa que nada es casual y sigue llevando semillas para «el reservorio», además a veces ella también encuentra semillas nuevas que no son de los árboles cercanos, las lleva, siembra, cuida, cosecha, comparte, come y devuelve las nuevas semillas que produce para que continúe este misterioso ciclo vital.

El bisabuelo se entusiasma mucho al reencontrarse con aquellos cultivos de su infancia, por eso colabora con la misión de su bisnieta, comparte semillas y plantines con sus amigos del centro de jubilados y entre sus vecinos que demuestran interés. Se va generando como un círculo de solidaridad y bienestar alrededor de cada planta. No se limita a darles las semillas solamente, además las acompaña con información cultural como recetas culinarias y otros usos, formas apropiadas de cultivarlas para un mejor rendimiento y aprovechamiento del agua y la tierra.  El bisabuelo y Anahí, como prefiere llamarla él, han formado un equipo de trabajo con mucha pasión, él aporta sus saberes tradicionales, ella le incorpora los conocimientos escolares, sobre todo los de geografía ambiental. Dan consejos a quienes quieren escucharlos para evitar la depredación de las especies, sobre el uso responsable que se le debe dar a las mismas para evitar alteraciones ambientales.

Anahí sigue visitando la reserva porque se siente muy a gusto en ese paraíso. Su amigo, sin hacer sus apariciones, la sigue inspirando, ella está segura de que todas las culturas tienen mucho para aportar e intercambiar, lo importante es que se respeten entre ellas, que ninguna absorba a la otra, que se enriquezcan y potencien entre sí. Está orgullosa de ser el ejemplo perfecto de integración entre culturas, por sus sentimientos, su aspecto físico y por sus nombres. Y recuerden, si encuentran semillas cerca de un curupí, no las retiren, son para Verona o para su amigo misterioso. 
😉😊.